Retomo el blog desde Gran Canaria.

Estimados amigos, muchas cosas han sucedido desde que escribí por última vez en estas páginas.

He llegado a canarias, después de estar 4 días en Madrid, luego volví a salir dos días para Alicante, y volví de nuevo a la isla. Desde que llegué me he puesto casi a tiempo completo a retomar mi vida después de un año fuera.

Uno de los mayores miedos de los cooperantes que comienzan las misiones no es la salida, sino la llegada de nuevo a su tierra. Hay muchos que sufren una suerte de desarraigo tal que, luego de haber estado tanto tiempo en otros sitios, haciendo cosas tan distintas (y tan iguales, al mismo tiempo), no encuentran un lugar en la sociedad que les vio partir. 

Es cierto que este tipo de viajes nos facilitan llenar las maletas de recuerdos y experiencias que nos hacen madurar y evolucionar mucho en poco tiempo. Sin embargo, en casa todo sigue siendo lo mismo. Los amigos de los que uno se despidió siguen viviendo la misma vida que les hace feliz, y el mundo sigue avanzando. A lo sumo, todo un año de experiencias puede llegar a amenizar alguna cena, contando anécdotas, pero poco más a efectos sociales. La cooperación no nos hace más altos, ni más fuertes, ni más guapos, ni más listos, ni más buenos, simplemente nos da una satisfacción muy personal que no se puede compartir. Uno así a la vuelta se siente reposado mentalmente, quizá más sabio por el tesoro de las experiencias, quizá más humano por la cercanía con la gente que más lo necesita. Pero es una satisfacción silenciosa aunque muy gratificante.

A la vuelta hay que retomar el tiempo perdido, montarse en la guagua en marcha -que nunca se paró- si seguir viviendo. Y esto es, justamente lo que he estado haciendo estos días. Mudanzas, montando muebles, limpiando la casa, comprando algunas cosas necesarias, etc. Por eso no he podido actualizar el blog.

Desde que tenga otro ratito publicaré los ejercicios que quedan pendientes hasta la fecha para tener la secuencia de las 16 semanas entera, que va tocando ya a su fin.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa,

Narwhal Tabarca.

Estoy sin habla. Susan Boyle, gracias.

 

Nada más. Sigo gozando la emoción, en silencio.

 

Narwhal Tabarca.

 

Reedito para añadir otro, más famoso pero igual de impresionante. Gracias Paul Potts…

 

Un abrazo, una sonrisa, sigo en silencio…

 

Narwhal Tabarca.

El Tirano. Valerio Massimo Manfredi

Estimados compañeros,

Tal y como les he venido adelantando, en estos días he acabado la novela de Valerio Massimo Manfredi, El Tirano. Inspirada en parte de la vida de Dionisio I de Siracusa, esta novela es la más floja de las que me he leído hasta la fecha de este autor. Ciertamente, es complicado que la trama de un tirano, avocado a la derrota en casi todas sus batallas pueda competir con el espíritu triunfador de un Alejandro Magno, o la aventura del ejercito de los 10.000 (ambas obras comentadas en este blog). 

La vida de este monarca que derrotó con intrigas y malas artes la democracia griega en Siracusa, se justifica por el solo hecho de haber sido esta vía la única que casi consiguió la unificación de facto de toda la isla de Sicilia bajo los pueblos griegos. La única manera era mediante la expulsión del ejército Cartaginés de Anibal, Himilcón, Manón y otro Hilmicón, respectivamente. Contra todos ellos plantó Dionisio su espada y su escudo, desde sus veintipocos hasta su muerte. Un hombre que saldría de las clases más humildes de Siracusa y que consiguió ganar el liderazgo de su gente a base de fuerza e inteligencia, sin el más mínimo resquemor de conciencia por levantar su arma ya fuera contra los bárbaros cartagineses o contra su propia gente. 

Es loable el intento de Valerio Massimo Manfredi de intentar alabar las hazañas de este personaje griego, sin embargo, abstrayéndose al cariz humano que le imprime al personaje, creo que sus actos hablan más que su la aportación imaginativa que de él hace el autor. Este hombre debía ser un personaje despidado, capaz de encarcelar a su propio hermano por dar muestras de humanidad con el enemigo griego, capaz de vender el alma al diablo, o de poner a los celtas o a los bárbaros contra los propios griegos si se trataba de amasar poder, capaz insisto, por último, de firmar un acuerdo de paz y luego violarlo poniendo cerco a ciudades. Es decir, si Maquiavelo hubiese vivido en esta época, seguramente habría sido su mejor consejero.

Literariamente, esta novela tiene la misma facilidad de lectura que Alexandrós o El Ejercito Perdido. Sin embargo, creo que el hecho de no tener tanta información histórica ha hecho el autor se pierda en ocasiones en aspectos que más parecen responder a la esfera de los espiritual y lo paranormal: una mujer que parece una bestia (una especie de Gollum del señor de los anillos, pero en bello), un personaje misterioso que aparece de la nada para ayudar a Dionisio cuando necesita dinero… . Esto hace que la novela pierda fuerza, y sobre todo credibilidad en su trama. Recuerdo que la misma sensación me dio en ocasiones cuando leí Alexandrós, las reacciones del perro que parecía querer hablar parecían en ocasiones ridículas, casi diría absurdas.

Sin embargo, compañeros, no dejaré de recomendar esta novela, que me ha dado buenos ratos de lectura. Un detalle, encontrarán, como en todas las que me he leído de Valerio Massimo, un guiño a otra de sus novelas que ya comenté: “El Ejercito Perdido”, aunque suene extraño, el mismo Jenofonte, después de volver de la expedición de los 10.000, hizo al parecer un viaje a Siracusa y conoció a Dionisio. El autor al menos así lo cuenta…

Reciban mi abrazo y mi sonrisa, compañeros,

 

Narwhal Tabarca.

Segundo día sin tabaco. Mi truco para dejar de fumar.

Estimados compañeros,

Si eres como yo hace un par de días, y aún sigues con el vicio del humo, te recomiendo que lo dejes. Desde que escribí la entrada anterior no he tocado un cigarrillo, y lo mejor es que no me ha costado nada, después de catorce años con el vicio. Por eso quiero recomendar un método que estoy siguiendo y que me estoy inventando, al mismo tiempo, sin darme cuenta.

Si uno se obliga a dejar el tabaco con la sola fuerza de la mente, el cuerpo seguirá demandando los venenos del humo. Entonces, la solución es sencilla: poner en orden la mente y el cuerpo para que ambos decidan dejar el vicio. ¿Y cómo se hace? muy sencillo.

Sin planificar el dejar de fumar, yo, como se puede ir viendo en este blog, me dediqué hace unos dos meses a hacer ejercicio y seguir una dieta. Pero no pensé nunca en dejar el tabaco. Mi dieta fue dando frutos, mis músculos han ido respondiendo, he aumentado mi masa muscular (no mucho, pero ahí va) y mi resistencia. Pero ha llegado un momento en que el cuerpo me pide desarrollar más los ejercicios cardiovasculares para seguir quemando la grasa que me queda. Claro, con mi poco hábito y mis muchos vicios, corriendo aguantaba lo mismo que sin respirar debajo del agua, es decir, una miseria. Mi motivación por el ejercicio era cada vez mayor pero mis posibilidades eran nímias. El cuerpo tocaba fondo al poco tiempo de empezar los ejercicios y los músculos se quedaban con ganas de más.
Entonces pensé en dejar de fumar. Lo intenté un día, y volví al día siguiente, porque era fin de semana y se trataba de un cigarrillo social. Obviamente seguí fumando luego sin resquemor de conciencia alguno. Pero al pasar el fin de semana, volví a mis ejercicios, y noté que no había adelantado nada en absoluto. Incluso, después de intentar hacer la cuarta semana de los ejercicios de Arnel Ricafranca sentía que me asfixiaba. En el camino de vuelta del gimnasio a casa vine hablando solo, como un loco, recriminándome la poca voluntad que había tenido semanas atrás.
En ese momento me di cuenta que era la voz del cuerpo la que hablaba. Él, que siempre había luchado por tener el vicio vivo, con su meticuloso síndrome de abstinencia, se me estaba quejando porque no podía respirar como debía. Sin darme cuenta, había puesto de acuerdo a la voluntad con el cuerpo. Ambos querían lo mismo: seguir desarrollando las posibilidades de mi cuerpo, y, por supuesto, dejar de fumar para derribar la barrera que se había puesto a lo largo de los años.

Les parecerá un cuento chino, compañeros. Y más cuando han intentado dejar el vicio en varias ocasiones. Pero háganme caso, no piensen en dejarlo, adquieran una rutina de vida saludable: hagan ejercicios todas las semanas, más intensamente cada dos días; sigan una dieta hipocalórica, cuiden un poco lo que comen, eviten las grasas, aprendan de los alimentos cómo consumirlos, beban mucha, mucha agua, dejen los refrescos para ocasiones especiales, y sigan buscando los límites físicos de sus cuerpos. Les garantizo que al final será el propio cuerpo el que rechace el tabaco. Jamás dejar de fumar fue tan sencillo.

Les animo y les apoyo,
Les sonrío y les abrazo,

Narwhal Tabarca.

Se acabó el tabaco en mi vida.

 

Estimados compañeros, 

estoy hasta las narices de salir del gimnasio asfixiado como si hubiese corrido una Maratón. Llevo 14 años con el absurdo vicio del humo, más o menos la mitad de mi vida, y hoy le he dicho ya BASTA!. Estoy harto de no poder darlo todo porque los pulmones pueden ya menos que los músculos, y esto solo quiere decir que mi cuerpo necesita un respiro. Ya se acabó el veneno, la nicotina, el alquitrán. Quiero poder llenar los pulmones de aire limpio, y darle al mi cuerpo una bocanada de aire puro tras otra, sin limitaciones, sin que sea algo anecdótico. Además quiero que vuelvan a mí los olores que hace tiempo olvidé, los sabores tal y como los descubrí antes de engancharme a esta maldita droga. Quiero que dure mi perfume cuando me ducho y me preparo para salir  y no se convierta en una mezcolanza de “tabaco y channel” como dice la canción (en mi caso de “tabaco y CK”)

Mi determinación es fuerte, queridos amigos, y definitiva. Aunque tenga que devorar manzanas por kilos para saciar la ansiedad, aunque tenga que lavarme la boca 12 veces al día, cuando quiera agarrar un cigarro saldré a la calle y comenzaré a correr, hasta que mi cuerpo desista de su caprichosa petición. Tengo 29 años, y parezco un viejo. No, si la vida hay que disfrutarla es lo que haré, pero con todas las fuerzas, y el tabaco me las limita. 

Y lo hago público, así de esta manera porque es la única que me recuerde un compromiso con ustedes, con mis palabras y con mi propio cuerpo. Así que, por favor, cuando me vean no me ofrezcan los cilindros de la muerte. La salud no debe ser un regalo que nos hacemos, sino un estado natural del cuerpo. Ya tenemos suficientes sustos que no nos buscamos y nos vienen solos, como para prepararnos a dolorosas y absurdas muertes lentas.

Bueno no sigo, lo dicho compañeros,

Un abrazo y una sonrisa.

Narwhal Tabarca.

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