Estoy en Gran Canaria, disfrutando de las vacaciones.


Queridos compañeros,

Me casé el día 28 de noviembre, tal y como estaba previsto. Y de esto hace ya un mes. Desde esa última vez que me dirigí a ustedes, el Embajador de España en Paraguay, un hombre afable que está al servicio de su gente (que somos nosotros), nos escribió hasta un poema, después de brindar con champán después de escuchar los “acepto” -versión moderna y civil del famoso “si quiero”-. El tema de las bodas es algo curioso. Uno se ve vestido de buenas galas, rodeado de flores y de luces, saludando a gente como si no los hubiera uno visto desde hace siglos, cuando, quizá, ha estado el día anterior trabajando codo con codo con ella. Subidos en un buen coche, yo y mi esposa, recien casados, pasamos a ser el punto de atención de los transeúntes y conductores, que nos vitoreaban con silbidos los unos y bocinazos los otros. Media hora dando vueltas por el centro de Asunción, porque el protocolo dictamina que los novios deben llegar después de los invitados al punto de celebración, y luego, alfombra roja – reminiscencia quizá de antiguas costumbres monárquicas- para entrar en el restaurante, en donde, a golpe de arpa, Mendelson hace un fugaz y tímido acto de presencia. Mi esposa me mira, luego de entrar colgada de mi brazo, y todos la miran a ella. Segundos de vacilación que parecen horas, no sabemos qué se hace en estas ocasiones -es la primera y la última vez- y para no desentonar, nos paseamos por todas las mesas saludando nuevamente, como si no nos vieramos desde hace siglos, a los invitados, que acabamos de despedir en casa del Embajador.
Después de haber pasado revista -quizá otra reminiscencia del manido ambiente castrense- nos sentamos a la mesa en donde una buena compañía hace amenas la cena y la conversación.
Cuando mejor se va poniendo la cena, el fotógrafo nos asalta y nos invita a salir del local – reminiscencia de las costumbres del antiguo oeste americano- y después de desenfundar su canon 350D con objetivo 70-200 mm f.2.8, blanco para más señas, nos dispara en un duelo contra el que nada podemos hacer.
Volvemos a la mesa, y vuelve la conversación, por otro punto, quizá otra conversación distinta, ya uno ni recuerda de lo que estaba hablando. Antes de los postres, una Isa canaria suena por los altavoces, miro a mi madre que me está sonriendo, y entiendo que hemos cambiado el tradicional vals por una Isa que me transporta a mi valle de Tirajana, desde el corazón de Paraguay. Levanto a todos los invitados que se dejan levantar, lo que no, se quedan sentados. Y les doy cuatro pautas para intentar imitar la mejor sesión del programa tenderete, sin exito y con un par de copas de vino de más.
A las cinco de la mañana el sol comienza a despuntar, miro a mi novia, ahora ya esposa desde que se fue el último invitado, y el chofer -contratado por 12 horas- amenaza con convertirse en ratón y transformar el Mercedez Benz en una calabaza mugrienta. De vuelta a casa estamos demasiado cansados para contribuir al mito de la noche de bodas.
Al día siguiente, todo sigue como hace dos días. Ahora penden sendos anillos en mi dedo y el de mi esposa, que sigue siendo mi novia, pero invitamos a los amigos para que nos llamen marido y mujer. Lo único que saco en claro de todo esto, es la maravillosa mujer con la que me despierto.
Si ver su ojillos cada mañana es estar casado, lo volveré a hacer sin lugar a dudas, cada día. El resto, es todo un follón social que cansa y desgasta, aunque sea inolvidable, dicen.

Estimados compañeros, después de todo ello, hemos llegado a canarias (bueno, después de todo ello y 24 horas de viajes y escalas). He perdido algunos teléfonos, como el de Leví. Así que si me los pasan o me llaman quedamos y nos echamos unos sustitos con hielo.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

2 comentarios el “Estoy en Gran Canaria, disfrutando de las vacaciones.

  1. Querido amigo,

    Acabo de enterarme, y no sabes cómo me alegro. Que todo lo bueno se haga mejor. Y que lo mejor no se termine nunca. ¡Enhorabuena a los dos!
    Un fuerte abrazo,
    Óscar.

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