«El nombre de la Rosa» Umberto Eco
Publicado el 5 abril, 2007 6 comentarios
Me acerqué a «El nombre de la rosa» conociéndo de ella tan solo el nombre. Me ha bastado una lectura para entender que es un libro de referencia al que se debe volver asíduamente. Umberto Eco demuestra su valía como escritor, ya que realmente convierte una novela en un hecho cosmológico.
Lejos de ser una obra que a todos deje indiferente, este libro rezuma largas horas de estudio y trabajo en cada una de sus hojas. El mundo que presenta – por otro lado, cerrado en sí mismo perfectamente – es, a la vez, todo ficción y realidad. Gracias a él he conocido a los Fraticelli hasta el punto de entenderlos, de identificarme con ellos, haciendo míos tanto su amor por la pobreza, como su crítica a la Iglesia. Y, sin embargo, el argumento es ficción pura.
Como Umberto Eco explica: «solo quería quemar una abadía y ese fue el germen, la chispa que dio vida al Nombre de la rosa». Mientras lo leía, las ideas se me confundían como las hebras de una cuerda deshilachada. No hice más que tirar de ella y, de a poco, fui viendo el cuerpo del cabo que se iba ordenando hasta trenzarse magistralmente.
Luego ya, el estudio científico que hace el autor al final de la obra (en la edición que leí), lo sentí como un guiño de invitación a volver a escribir novelas yo mismo. Mucho es lo que obtengo de este libro, pero más aún lo que aprendo de las enseñanzas de Umberco Eco. Después de leerlo he empezado a trabajar en un proyecto, algo tendrán las palabras de Eco, entonces, que me invitan a seguirle los pasos, y esto solo puede llamarse de una forma: maestría.
El estilo es muy elegante, clásico pero aireado y fresco. Se lee sin ninguna dificultad (exceptuando la primera parte plagada de cultismos y latinismos). Veo influencias de Dante Alighieri en los resúmenes previos de cada capítulo – sin duda se debe más a una imitación del estilo propio de aquel tiempo que a un recurso exclusicamente Dantesco -.
Sin embargo, he encontrado excesivo el capítulo del sueño de Adso de Melk. Creo que la obra, en él, pierde su ritmo habitual y llega a hacerse incluso desesperante. Su lenguaje apocalípto y caótico puede causar en el lector el efecto de dar un humilde salto al siguiente capítulo.
Todo lector que se precie, sugiero, debería leer esta obra de arte.
(Tirajana, 6 de agosto de 2005)
Un fuerte abrazo, compañeros.
Santiago Tabarca.
Hay cosas que se me antojan imposibles.(desaparecidos en Gran Canaria)
Publicado el 5 abril, 2007 1 comentario
¿Cómo es posible que la isla se los trague? ¿Habrá algún amigo mañana entre estas caras? La seguridad es una entelequia.
Un abrazo, compañeros.
Santiago Tabarca.
«El perfume» Patrick Süskind
Publicado el 4 abril, 2007 3 comentarios
La innata obsesión del hombre por un absoluto le puede llevar a descubrirse así mismo, y a destruirse.
Grenoille es una artista. ¿Qué diferencia hay entre él, siendo un perfumista excepcional, y el poeta del cuento de Borges?. Ninguna. Encuentro una misma obsesión entre ambos: el arte en estado puro, en el cual – y solamente en él – la humanidad se rinde, se deja embriagar del mensaje que transmite, sucumbe a su merced y se transforma. Es ahí donde el arte ve y repira su verdadero sentido: en la transformación del hombre, en la revolución. La crisis de lo falsamente objetivo en una sola expresión, la libertad que se ofrece tras la manipulación que el arte puro ejerce sobre el hombre.
No hay contrasentido en lo que digo: Libertad surgida de la manipulación. Todo lo contrario; el hombre – que ya vive manipulado por un medio que le es hostil – se deja seducir por el arte – como espejo hacia sí mismo – y así se descubre en sus miedos, sus anhelos, su propias emociones y sus energías desapercibidas.
En esta línea, al final de la novela, el pueblo entero, hechizado por el Perfume o la Esencia definitiva, se acepta en sus propios vicios, tentaciones, temores y deseos. Unos lloran, otros sienten una ternura atroz, otros (los más) fornican. A esta manupulación me refiero, cada cual recibe el aroma según él mismo. Quienes lloran se sienten culpables por la crueldad del sistema, los tiernos ahora quizá fueran malévolos ciudadanos cegados por la ira antes, los fornicadores, amantes reprimidos.
El arte puro, entonces, se presenta aquí como un acceso a la duda, a la esencia perdida del hombre/mujer, a la libertad impune, en definitiva, a la utopía.
No he visto la película aún. Sin embargo, recomiendo esta novela tan conocida.
(Tirajana, 6 de agosto de 2005)
Un fuerte abrazo,
Santiago Tabarca.
Que no nos venza la costumbre (sobre Yeremi Vargas).
Publicado el 4 abril, 2007 Deja un comentario
C.S. Lewis decía muchas cosas, pero entre ellas que el mayor enemigo del hombre es la costumbre. Ante la novedad sentimos sorpresa de niños que por mentes tienen albas vírgenes. Deberíamos ser de piedra si no nos afecta la ilusión con que un crío nos enseña un pájaro. Es la admiración, al fin y al cabo, lo que nos hace jóvenes eternamente. Sin ella, la curiosidad se convierte en una falacia.
Vemos miles de carteles en todas partes que nos alientan en la búsqueda de un niño desaparecido. Nos llenamos de duda, de miedo y de indiganción. Le dedicamos algunos pensamientos furtivos en el trabajo, en el coche o en casa. Comentamos su pérdida repentina intentándo ponernos en la piel de los jóvenes padres que aún lo esperan para la cena, y, sin embargo, nos puede la costumbre. La maldita manía de hacer cotidiano lo inversosimil, el adormecimiento del alma que nos hace ser apenas un suspiro de humo en una hoguera.
Compañeros, un niño se ha perdido. Recordemos esto cada día. No podemos ceder ante los acontecimientos. ¡Se ha perdido un niño!, ¿nos damos cuenta qué significa esto?, se ha perdido un niño, compañeros, no nos acostumbremos a su sonrisa infantilmente despoblada, a sus ojos de futuro incierto, a sus gafas. No podemos acostumbrarnos a las noches que pasan y el frío, al silencio de los padres en la intimidad de su cuarto, a la duda. No podemos dejar de admirarnos cada vez que vemos este cartel de súplica desgarradora.
Un fuerte abrazo.
Santiago Tabarca.
Poesía Última en la Fundación Rafael Alberti. El Puerto 2007 (I)
Publicado el 2 abril, 2007 7 comentarios
Estimados compañeros,
llegué ayer del Puerto de Sta. María. Hoy ya, repuesto casi del todo del descontrol necesario al que he sometido a mi cuerpo, y habiendo puesto al día los temas más urgentes que tenía pendientes para hoy, después de todo ello, digo, les comento que tal ha sido, para mi gusto, el encuentro de este año.
Este año todo ha sido distinto. No quiero entrar en si fue mejor o peor, porque si alguien me pregunta me decantaré por lo segundo, pero ya estoy hablando demasiado. Sin embargo, las diferencias con otros años han hecho posible que pueda gozar de otra cara de las jornadas que no conocía. He entablado conversaciones innolvidables y muy fructíferas con Jose Ramón Trujillo (uno de los grandes desconocidos y más admirados para mí), con Maria del Mar (la mujer del inconbustible librepensador Escudero), con Ramón Bermejo (sí Ramón, lo dije y lo mantengo, verte me pone de buen humor – y que no piense nadie mal -) y, por supuesto, con Sandy García.
Como muchos saben, llegué un día antes. La insularidad se paga cara en muchos sentidos, y este es uno de ellos. La primera noche dormí en el Chaikana y de ella no ha demasiado que contar. Me tomé un Arehucas Cola en la habitación y tumbado en la cama, escribí en mi cuaderno:
» Puerto de Sta. María. 2007
Otra vez aquí. En el hotel Chaikana, donde cada año siento el mismo vocerío de la noche clara, de la noche fría que lleva un río en su piel de estrellas.
Este año soy un emisario de la reconquista, así me siento. Notaremos las ausencias de Miguel, de Bea, de Sebas, notaremos que esto va cambiando y que, a menudo, el hombre interfiere en los proyectos más lindos. Perdónales Alberti que saben lo que hacen. Ya conoces la historia y no la voy a repetir.
Mañana vendrán Carlos y Julio y ya nunca jamás el pijama ensombrencido con cara de niño pintor Gaja Romanos.
Este año ha sido todo de una fugacidad abrumadora. Hemos montado El Cuba Libro de Tabarca. He defendido el caso de Lepe a duras penas y con buenos resultados. He decidido no volver a la senda del derecho y he comenzado a preparar mi viaje a Dubai, o Shangai, o quien sabe ya. Parece que las cosas por Irán están poniéndose feas, Irán ha apresado a unos soldados británicos y Tony Blair amenaza con hacer uso de su altanería y su arrogancia como potencia mundial.
De todas formas, el mundo es amplio y las rutas posibles son muchas. Tengo que esperar los acontecimientos para decidir si puedo o no atravesar Irán.
Realmente, estas jornadas que organiza la Fundación se han convertido en el eje de mi vida. Llego cargado de proyectos y de aquí me voy siempre con nuevas ideas para el año siguiente. Fin de año se configura como una fiesta más, necesaria, pero apenas imperceptible. Sin embargo, es en estas fechas cuando realmente todo confluye. Por algo será que siempre que se acerca esta fecha hago recuento de cuánto ha cambiado mi vida de un año a otro y compruebo si he llegado con la tarea hecha. Los deberes me los impongo yo mismo, y mis proyectos son cada vez más exigentes.
Recuerdo el primer año, quería encontrar a un editor que me publicara Mujer de Agua. Luego me di cuenta de que entre mis deseos y la realidad había un abismo tremendo: había infravalorado las jornadas de la Fundación por la sencilla y llana razón de que no sabía qué supondrían en mi vida.
Por supuesto encontré editor, pero no solo eso, o, por decirlo mejor, eso fue solamente una tuerca en el motor de cuanto pude encontrar. Me llevé lo mejor que alguien puede llevarse: un grupo de amigos, de poetas, que hoy sigo conservando y que me han ayudado a definirme como lo que siempre supe que era: un escritor.
Es curioso. Ayer mismo hice un descubrimiento genial en la casa de mi infancia. Dentro de un cajón, y en su fondo, encontré las ruinas de lo que una vez fue mi novela inacabada: Krumen, Euforia de reconciliación. Aquel texto, escrito con apenas 15 años me devolvió a la adolescencia primera y me demostró que yo estaba hecho para escribir, escribir y escribir hasta que me sangraran los dedos.
Hoy en día me habría gustado mucho encontrar a ese niño de 15 años que se encerraba en un cuartucho de una modesta casa de Irlanda y hablarle de lo mucho que merecía la pena lo que estaba haciendo. La senda que había elegido seguir por ese algo que ningún escritor entiende bien por qué, había sido la correcta. Una senda inevitable, al fin y al cabo, hasta la muerte.
Releyendo aquel borrador entendí muchas cosas, quizá recordé que las había entendido desde muy temprana edad, y sentir que nunca aún había desviado mi camino del mundo de la literatura. Ahora me estoy leyendo la biografía de Neruda «confieso que he vivido» y veo cómo los viajes contínuos fueron algo crucial en su formación de poeta. Por eso quiero llegar a Canarias de nuevo. La moto me espera y se que con esa moto voy a darme un buen respiro en los sueños y los proyectos. Hemingway viajó por medio mundo, Chejov llegó hasta la isla de Sajalín, solo por conocer el penal, ya dije, y muchos saben, que Neruda estuvo en Asia, en España, en París, en Méjico, en Perú, en Chile (desde luego) y en tantos otros sitios.
Hoy con 27 años, me doy cuenta de que, aunque llevo más de 15 en el oficio, estoy solo al comienzo del camino, y eso es bueno. Le quiero dar la vuelta al mundo, simplemente, por que no se qué me voy a encontrar. La mente humana es prodigiosa. Siento pánico por verme en graves apuros y, aún así, también siento que necesito afrontarlo todo para que no se seque mi bolígrafo jamás. No quiero ser un escritor de biblioteca o, al menos, no todavía. Prefiero leerme los libros a la interperie, y leer el mundo al mismo tiempo. Hoy me toca viajar, conocer gente, mundo, parajes, situaciones, costumbres, adversidades. Hoy me toca sufrir y llorar de alegría. Mañana es otro día. Ya vendrá.
Santiago Tabarca 29/03/07
Pto. de Sta. María»
Eso escribí la primera noche que estuve arropado por la soledad y la impaciencia.
(continuará…)


