La vida, la muerte, la vida.
Publicado el 25 octubre, 2007 3 comentarios
La vida, la muerte, la vida, todo es lo mismo. Nos rompemos la cabeza contra la almohada, la luna del coche, la hipoteca, el fin de mes (dichoso fin de mes), y sin embargo es la vida. La vida, la muerte, la vida, hay tanta identidad entre un segundo y otro posterior, entre un minuto y otro, tanta identidad entre hoy y ayer, mañana y pasado, que, al final todo nos parece igual. La vorágine (palabra desgastada por el uso) de la vida diaria, la camisa negra de Juanes sonando en la radio, los pantalones remangados, dejando ver la intimidad de las Converse Star, nueva moda; Fernando Alonson contra Hamilton, la envidia, el egoísmo, Irak, Hamilton contra Fernando Alonso, el abushador americano sonriendo en televisión, Eta, los pulsos en el Parlamento, Josu Jon Imáz que se va de la política, la moda de nuevo, el precio de la gasolina, la letra del coche, otro cayuco que llega para alivio de los medios de prensa, algún suspiro, una caña de repente con una amigo en un bar «si no fuera por estos ratitos», Stevenson, un nuevo premio Pulitzer, El nobel, donde puse las llaves del coche, de nuevo la letra del coche, levantarse para sacar a la perra, hoy no he comido, llenarle el cacharro de pienso a la perra, llevar el carro del Mercadona al Mercadona, porque está en el pasillo y no me deja pasar, las envidias, revisar el correo, firmar algunos papeles, pensar, meditar en el mejor de los casos a veces, coger el teléfono, volver a coger el teléfono, conectar el movil para mañana, echarme un cigarrito y un café con los compañeros, subir las escaleras para que no quede nada pendiente, volver a bajar a buscar las llaves, volver a subir, pensar mal, pensar bien, pensar mal… La vida, la muerte, la vida. Meterse en un coche para asistir a un levantamiento de un cadaver, saludar a la Guardia Civil, saludar a la familia extranjera, traducir para echar una mano. Y el tiempo se para.
23 años, la novia llora mientras le besa las mejillas inertes, mi hermano a mis pies dejándose besar, fuera de la vorágine ya, la novia le habla al oído, un compañero de trabajo, un amigo, un familiar, mi abuela acaso le escucha con oídos vacíos, la familia aún no lo sabe, siento lástima, nada me importa más que llegar a casa y decirle a mi novia que la amo, que el mundo se hunde si es ella la que está a mis pies, la veo a ella a mis pies, se me comprime el alma, siento la necesidad de abrazarla, de abrazar a mi madre, a mi padre, a la Guardia Civil, a la Policía Nacional, abrazar a los árboles, al mar, siento la necesidad ferviente de amar, de dejar constancia de mi amor a la humanidad, veo a mis pies mi propio cuerpo, veo a mi novia recitando mis versos a mi oído muerto, oigo el silencio, me hago de silencio, la médico forense le quita la ropa con ayuda del policía judicial, él no sabía que se la quitarian ellos cuando se vistió, le veo sonreir, llorar, la noche anterior, los amigos, le veo en la calle paseando de la mano de su novia que ahora le besa la cara y podría ser yo besándote a tí, que me lees, la vida, la vida que se apaga, qué somos, me pregunto, ni tan siquiera un cuerpo abandonado en el suelo, vacío de nosotros, qué somos después de todo…
La vida, la muerte, la vida… qué más da Juanes, el nobel, el Pulitzer, la envidia, que más dá. No tengo hueco para nada, solo cabe en mí el silencio, el llanto mudo de una novia que se despide, el silencio, solo el silencio… psss….. pssss……….
Narwhal Tabarca.
DIEGO OJEDA
Publicado el 20 octubre, 2007 Deja un comentario
Querido Diego,
No por ser un trovador de voz profunda, que hasta los tuétanos hiela (gracias Espronceda), que hace despetar los muertos sentimientos de la ausencia e inquietar hasta a los baldosines de una facultad -no estuve, pero lo sé-, de un bar -estuve y la memoria se torna sonrisa y añoranza-, o por dar vida, quizá, a las fotografías de quien te ama y te espera – Gracias Ovahe, por tu ojo que todo lo ve-. No por ser, además merecedor de la admiración de los niños que te acompañan a todas las esquinas, en presencia o en recuerdo, ni por regalarme sus sonrisas cuando tuvimos ocasión. No por nada de eso, o, tal vez, no solo por eso, compañero. Te admiro, y mi agradecimiento me hace sentirme en deuda contigo cada vez que recuerdo tu guitarra tañendo como la de los grandes, en cualquier rincón, en todos los tugurios (tugurios ¡denme tugurios! ¡yo solo quiero tugurios! – diría Lizanote de la Mancha, después de escucharte cantar), en todos los recuerdos, cuando se abre la puerta con voz de Bebel Gilberto y me salta dentro, vivo aún, el recuerdo de un cubata de libros, que por pajita lleva un pincel y por literatura los abrazos que nos dimos entre amigos y sentimientos.
Querido Diego, te debo una disculpa. Me avisaste, te hacía ilusión verme en tu debut, me hacía ilusión verte en tu debut. Y, sin embargo, ya habría terminado cuando salí de la oficina ayer a las diez de la noche. Me fue imposible. Ni una llamada, ni un mensaje de apoyo y ánimo, nada te otorgué desde mi silencio sureño. Pero, querido amigo mío, estuve contigo en el recuerdo y la rememoranza de los mejores momentos.
Eres uno de los grandes, compañero. Así te tengo dentro de mí. Espero verte pronto. Te quiero.
Un abrazo, una sonrisa,
Narwhal Tabarca.
Robert Louis Stevenson. Las nuevas noches árabes.
Publicado el 18 octubre, 2007 Deja un comentario
Dice Borges:
Noches pasadas, me detuvo un desconocido en la calle Maipú.
– Borges, quiero agradecerle una cosa – me dijo. Le pregunté qué era y me contestó:
– Usted me ha hecho conocer a Stevenson.
Me sentí justificado y feliz. Estoy seguro de que el lector de este volumen compartirá esa gratitud. Como el Montaigne o el Sir Thomas Browne, el descubrimient de Stevenson es una de las perdurables felicidades que puede deparar la literatura.
Robert Louis Stevenson nació en Edimburgo a principios de 1850. Sus padres fueron ingenieros contructores de faros; una línea famosa rememora las torras que fundaron y las lámparas que encendieron. Su vida fue dura y valerosa. Guardó hasta el fin, como él escribió de un amigo suyo, la voluntad de sonreír. La tuberculosis lo llevó de Inglaterra al Mediterráneo, del Mediterráneo a California, de California, definitivamente, a Samoa, en el otro hemisferio. Murió en 1894. Los nativos lo llamaban Tusitala, el narrador de cuentos; Stevenson abordó todos los géneros, incluso la plegaria, la fábula y la poesía, pero la posteridad prefiere recordarlo como narrador. Abjuró del calvinismo pero creía, como los hindúes, que el universo está regido por una ley moral y que un rufián, un tigre o una hormiga saben que hay cosas que no deben hacer.
Andrew Lang celebró en 1891 «las aventuras del príncipe Floristán en un Londres de cuento de hadas». Ese Londres fantástico, el de los dos relatos iniciales de nuestro libro, fue soñado por Stevenson en 1882. En la primera década de este siglo lo exploraría, venturosamente para nosotros, el Padre Brown. El estilo de Chesterton es barroco; el de Stevenson, irónico y clásico.
El alter ego, que los espejos del cristal y del agua han sugerido a las generaciones, preocupó siempre a Stevenson. Cuatro variaciones de ese tema están en su obra. La primera, en la hoy olvidada comedia Deacon Brodie, que escribió en colaboración con W. E. Henley y cuyo héroe es un ebanista que es también un ladrón. La segunda, en el relato alegórico Markheim, cuyo fin es imprevisible y fatal. La tercera, en El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, cuyo argumento le fue dado por una pesadilla. Esa historia ha sido llevada más de una vez al cinematógrafo; los directores invariablemente encargan a un solo actor el papel de ambos personajes, lo que destruye la sorpresa del fin. La cuarta, la balada Tikonderoga, donde el doble, el fetch, viene a buscar a su hombre, un highlander, para encaminarlo a la muerte.
Robert Louis Stevenson es uno de los autores más escrupulosos, más inventivos y más apasionados de la literatura. André Gide ha escrito de Stevenson: «Si la vida lo embriaga, es como un ligero champagne».
J. L. BORGES
BIBLIOTECA PERSONAL
Por lo que veo, hablar de Stevenson es como hablar de una isla abrupta y llena de recovecos y sorpresas. Quizá como las que él mismo ingenia, con barrizales ponzoñosos perdidos en medio del Caribe. Borges habla de él en su biblioteca personal y, sorpresivamente, no hace apenas alusión a la obra que recomienda. No le juzgo, yo entré en Stevenson, como ese amigo suyo que le asaltó por la calle, es decir, gracias a su recomendación, y, sin embargo, descubrí una obra que ni tan siquiera nombra en esta crítica: El dinamitero. En «Las nuevas noches árabes» puede viajar a lugares de oriente perdidos dentro de los brillos del diamante del Rajá, objeto mágico, en sentido literario, en torno al cual se desarrolla toda la trama. Pero ello no obstó a que, una vez la hube terminada, no siguiera acompañado de sus mismos personajes hasta el final de «El dinamitero». Entonces llegué hasta Cuba, y las Antillas, y el Vudú, los rituales, los sacrificios, la esclavitud…
Stevenson ha clavado mis ojos en sus letras, no en vano en la contraportada del libro leo En 1882 Stevenson reúne estos primeros cuentos en un volumen titulado «Las nuevas noches árabes». Su caracter fragmentario no impide que la obra pueda leerse como una novela, pues las historias se entrelazan, al estilo de Las Mil y Una Noches, bajo un denominador común: la aventura de la supervivencia en un medio hostil. Entre estos relatos se encuentran El Club de los Suicidas, El diamante del Rajá, y el Pabellón de los Links -cima del genio narrativo de Stevenson, según Conan Doyle, quien lo consideraba «el mejor cuento del mundo». La presente edición incorpora la novela El Dinamitero (1885), sobre los atentados cometidos en 1884 en Londres por militantes independentistas irlandeses, por cuanto enlaza con los demás relatos a través del personaje común del Príncipe Florizel.
Efectivamente, cada uno de los cuentos de Las Nuevas Noches Árabes, brilla por su originalidad y su trama. Un club clandestino de personas que quieren acabar con sus vidas, y que no encuentran el coraje necesario para hacerlo, un niño pobre que, por azar del destino, se ve conversando con un aristócrata acerca de la honradez y las necesidades básicas del hombre, otro joven noble que huye despavorido de quien le sigue para acabar en una casa, cuya puerta tiene manecilla solo en su cara exterior, y acaba envuelto en una cuestión de honor so pena de muerte.
Sé que todo parece una ensalada. Pero les aseguro, queridos amigos, que jamás he tenido tan buena digestión después de tanta variedad aliñada con una salsa común: la de la intriga, el misterio, la imaginación, el viaje y, ni que decir tiene, la buena literatura. Una serie de obras para quien desee conocer al Stevenson que trasciende de su obra más conocida: El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Reciban mi abrazo, mi sonrisa, y mis deseos de que tengan buen provecho de este manjar.
Narwhal Tabarca.
Una reflexión acerca de Stevenson
Publicado el 16 octubre, 2007 Deja un comentario
Estimados amigos,
hacía tiempo que no les comentaba algo sobre lo que me estoy leyendo. Es cierto. Sin embargo no quiere esto decir que no esté disfrutando de la literatura como siempre. De hecho estoy acabando un libro recomendado, como otros ya comentados y otros que esperan mi lectura, por Jorge Luis Borges. En este caso se trata de «Las nuevas noches árabes» y «El dinamitero», dos obras curiosamente interrelacionadas entre sí de las que ya les hablaré.
Quiero que esta reflexión vaya por otros lares. Leyendo este libro le he faltado el respeto a la admiración que me produjo Pulp Fiction de Quentin Tarantino. Efectivamente es una película novedosa para este tiempo, en la que se hace un derroche de manejo envidiable del espacio y del tiempo. Pero no nos dejemos llevar por la confusión. Stevenson, mucho antes, había comenzado ya a hacer algo de esto. Alberto Méndez, con su obra magistral (y la única publicada) «los girasoles ciegos» también juega con las técnicas de la narración, y lo hace, como ya lo dije en su momento, de manera envidiable. Sin embargo Stevenson, desde mucho antes, había gozado del placer de dejar al lector boquiabierto con su juego de personajes en diferentes espacios y tiempos. Una suerte de mezcla entre lo pretendido por Tarantarino y Méndez, quizá. No lo sé, solo me queda claro que, cuando se abre este libro, por cualquier página, da la sensación de que los personajes saltan sobre las hojas, de narración a narración, y en cada una de ellas tienen un hueco reservado en el que se sienten cómodos. Así, queridos míos, tal y como lo cuento, no puede parecer esto más que un juego de malabares en que las pelotas pasan de una mano a otra sin artificio alguno. Y lo es, pero no solo eso. Digamos que, en la línea del director de cine que menciono, Stevenson crea una historia atacándola (si se me permite) por diferentes prismas. De esta forma, mientras se lee se verifican una serie de saltos que, en un principio paracen no tener sentido, pero que luego, cuando se deja uno llevar a la voluntad del escritor, todo no solo cobra sentido, sino que deja con el sabor dulce de que no podría hacerse mejor.
Queridos amigos, no me quiero extender demasiado. Ya les hablaré más ampliamente de este libro desde que lo acabe. De momento reciban, como siempre, mi a abrazo y mi sonrisa.
Narwhal Tabarca.
Estimado ALF Guardia Civil.
Publicado el 11 octubre, 2007 2 comentarios
Querido compañero,
Acabo de ver un comentario tuyo a uno de los post de esta página, que no me he atrevido a publicar hasta comentarlo contigo. Me ha causado una sorpresa tremenda, y permíteme que diga, una buena noticia. Me alegra ver cómo has defendido el buen nombre de la Benemérita, sus logros en la lucha contra la muerte de los inmigrantes, y te doy la enhorabuena por el compañerismo que demuestras aludiendo a todos esos compañeros tuyos que se juegan la vida para salvar la de los inmigrantes.
Sin embargo, me recriminas que has oído (no leído porque sería imposible) una serie de comentarios que he hecho yo en esta página acerca de la Guardia Civil, y por lo que entiendo del tono falto de respeto que usas en un comienzo, comentarios negativos. Te invito, estimado compañero, a que rebusques en todas las páginas y posts de esta página, un solo comentario adverso hacia la institución que representas. Si das con algo dímelo, aunque no espero que lo hagas, porque no lo hay. Siempre he defendido la humanidad de la benemérita a pie de muelle, y admirado su entrega cuando salen a la Conde de Gondomar en los barcos de Salvamento Marítimo.
Querido compañero, no juegues, te lo suplico, a esa tentación del más héroe. Cierto es que la Institución que represento trabaja a pie de muelle, no tan calentitos como tu dices, pero tampoco sufriendo el frío de quienes hacen los trasbordos. Sin embargo, todos estamos haciendo algo por este fenómeno, cada uno en su campo, según sus funciones.
Te reconozco algo. Cuando me enteré de ese abogado de quien hablas, yo sentí tu mismo coraje, es más, el tuyo y el de todos los que estamos cercanos a todo esto. Sabemos, unos más que otros, la entrega de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado en la lucha contra la muerte. Lamentablemente hay abogados estrella, que pretenden dar un brillo mayor del que poseen, a costa de quien lo da todo por salvar las vidas de los inmigrantes. Y en este punto estoy de acuerdo contigo, e insisto, con todos los que vivimos todo esto tan de cerca.
No he publicado tu comentario, por miedo a que quien lee habitualmente esta página se extrañe como yo de tu error. Por favor, revisa los posts, comprueba que aquello de lo que me juzgas es cierto. Entre tanto, si consideras que repetirías tu comentario hazmelo saber, solo tengo que aprobarlo, creo en la libertad de expresión.
Por cierto, mientras escribo se balancea sobre las teclas un anillo que llevo abrazado a mi dedo. Lo llevó un Guardia Civil durante más de treinta años. Mi abuelo me enseño el respeto hacia el uniforme que usas.
Un abrazo, una sonrisa
Narwhal Tabarca.


