17,480 visitas. Un post de agradecimiento a ustedes, compañeros.

 

Queridos amigos,

Durante estos días estoy de anfitrión. Julio Espino, Bea Russo, Sandy García, Cesar Bakken y Paco Sevillo pisan la misma isla que yo en estos momentos. Disfruto en vivo de sus abrazos, sus sonrisas y las conversaciones que compartimos y, realmente, estoy teniendo poco tiempo para escribirles. Sin embargo, también tengo otra cosa: una necesidad imperiosa de no faltar a esta cita con ustedes, que ya se convierte en una ceremonia que me reclama cariñosamente.

Desde que creé este blog, a prinicipios de año (febrero, creo recordar), he tenido 17.480 visitas. Por esto, queridos compañeros, quiero darles las gracias. Por esto, y porque, mientras apoyo a la Cruz Roja, pienso en qué les voy a contar. Lo mismo que cuando hay un recital en el Cuba Libro, o cuando tengo una reflexión, o incluso a veces un sueño.

Lo cierto de todo esto es que me siento pleno cuando pienso en ustedes, sabiendo que puedo compartir momentos tan duros o tan felices. Leyendo, ustedes hacen lo posible porque nos una la palabra y la lucha sin tregua por el sentido común. Pensando en ustedes estoy leyendo, descubriendo y redescubriendo libros impresionantes. Pensando en ustedes sonrío a menudo a los inmigrantes. Y, por supuesto, pensando en ustedes me paso horas delante de este ordenador que no se bien si me detesta o me ama.

Simplemente Gracias, compañeros.

Reciban un abrazo sincero de quien les escribe estas palabras.

Narwhal Tabarca.

Por cierto, el cayuco de los 99 inmigrantes llegó perfecto. Salvando una quemadura por agua hirviendo y una hipoglucemia severa. Pero ya les contaré con más detenimiento las experiencias, porque tuve una larga conversación con dos de los nuevos canarios y merece una reflexión con tiempo y detenimiento.

Me reitero en las Gracias.

Me reitero en el abrazo sincero.

Esperando un Cayuco con 99 inmigrantes en Arguineguin.

 

Queridos amigos,

ha vuelto a suceder. Mientras escribo estas palabras, en alta mar navega un cayuco solitario, ajeno a que ya nos preparamos para su llegada. Ha sido interceptado desde las 7 de la tarde de hoy. Su llegada prevista será a las 10 de la mañana, aproximadamente. Y el número de personas a bordo ronda los 99.

Es la una de la mañana. Me acabo de despedir de Julio Espino y Bea Russo, que han venido a verme a canarias. Mañana los volveré a ver, de momento hoy solo me queda descansar, mañana será un día duro.

Cuando vuelva, les comentaré que tal fue todo. Espero que ahora mismo, mientras la noche los consume con sus brazos gélidos, bajo la resplandeciente luna llena que hay y que vemos simultáneamente ellos y yo en este momento, no estén sufriendo tanto. Hay algo en el cuerpo humano que nos hace sobrevivir cruzando límites insospechados de sufrimiento y dolor. Mañana será un gran día para ellos. Intentaremos que así sea.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

Nuevo Cayuco con 42 inmigrantes.

 

Queridos amigos,

Hoy me he despertado con agujetas en todo el cuerpo. Ayer lunes esperábamos un cayuco a las 12.oo del medio día. El mensaje me había llegado el domingo por la noche. A veces suceden estas cosas. De repente el mensaje es tremendamente urgente, como aquel que avisaba del cayuco anterior, y, en ocasiones como esta lo sabemos con más de 12 horas de antelación.

En este caso íba más tranquilo porque se nos había dicho que estaban en buen estado. Un detalle avalaba este comentario ya que el cayuco había sido atendido con anterioridad por el buque-hospital «Esperanza del Mar», el cual había recogido a los cuatro inmigrantes más graves (desgraciadamente uno de ellos murió de hipotermia).

Mientras tanto, nosotros desayunábamos en la gasolinera. Habíamos repostado todas las ambulancias y los vehículos de transporte. Tal era nuestra tranquilidad y tánto agradecíamos que en esta ocasión tuvieramos tiempo más que suficiente para preparar el dispositivo.

La ERIE no es solamente el cuerpo de la Cruz Roja que sale en las fotos y en televisión haciéndose cargo de los primeros auxilios de los inmigrantes a su entrada en Canarias. Hay mucho trabajo antes y después de lo conocido. Descargamos containers de cajas con ropas y comidas, preparamos las bolsas de galletas, agua y zumos, hacemos los grandes termos de té, preparamos las ambulancias y el material sanitario para las curas y las intervenciones primarias, montamos las carpas y las desmontamos cuando ya todo ha pasado, y tantas muchas cosas que no se ven.

Cuando llegó el buque de salvamento «Punta Salinas», hicimos una cadena a pie de muelle para comenzar el desembarco. Comprobamos cómo todos estaban ya vestidos con los chándales secos de las bolsas de la Cruz Roja, que se entregan al «Esperanza del Mar» para estos casos. Entonces comprobamos que, efectivamente todo apuntaba a que sería un cayuco facil. Con la ayuda de la Policía Nacional y la Guardia Civil (cada vez me sorprende más su entrega a esta causa humanitaria) fuimos conduciendo a los inmigrantes a la carpa. Hacía un sol de perros, el sudor me caía sobre las cejas y, en más de una ocasión, sorteaba la natural barrera y acababa dentro de los ojos. Alguno de ellos venía especialmente débil pero, a diferencia de los cayucos que han llegado en estos días de noche, no había ninguno con síntomas de hipotermia, y esto es de agradecer.

Ya todos los que se podían sostener en pie tenían sendas bolsas con provisiones. Los más débiles estaban siendo atendidos en el hospitalito y Marcos y yo habíamos empezado a hacer las fichas, confiados en que estaban bien. En ese momento saltó la alarma en el hospitalito, debajo de los chándales y los zapatos, los inmigrantes albergaban tremendas llagas, quemaduras dolorosas, hinchazones sospechosas no tratadas por médico alguno. Las ropas las llevaban pagadas a las heridas. Se nos advirtió, rehicimos las fichas (habíamos confiado demasiado en su buen aspecto físico – los chándales son bonitos, supongo- ) así que fuimos revisándo los cuerpos, levantando los pantalones y las chaquetas, inspeccionando pies, brazos, piernas, traseros. Las sospechas eran ciertas. No era, en absoluto un cayuco sencillo.

Cuando acabamos las fichas entré en el hospitalito y ofrecí mi ayuda. Hice varias curas de casi cuerpo entero. Hubieron momentos en que nos sentíamos desbordados, cuantas más curas habíamos hecho, más parecían que quedaban por hacer. Cuando creíamos haber terminado con uno, se quejaba de otro dolor en alguna parte del cuerpo que descubríamos y con estupor veíamos nuevas llagas peores a las ya atendidas. María, la doctora, me decía cómo debía de proceder, ahora antibióticos, para esta rozadura solo vaselina líquida, aquí pomada. Vi heridas que no puedo referir por su crudeza, y, sin embargo, quienes las portaban las sufrían con un silencio y una paciencia indecibles.

Después de varias horas, cuando hubimos terminado y ya desmontábamos las carpas, la guaga de la Guardia Civil se  llevó a todos menos a dos a la comisaría de Las Palmas. Los dos que quedaban atrás estaban tan heridos que los trasladamos nosotros en las ambulancias. En una iban Ángel (conductor) y Jose Luis (sanitario). En la otra la conductora era Nally, el sanitario, yo.

Quien conoce la isla sabe que desde Arguineguín hasta Las Palmas de Gran Canaria hay una hora de viaje, aproximadamente. Una hora que pasé observando a mi paciente mientras dormía. En ese momento pensé en su familia, en su madre, en sus abuelos. Me pregunté si tenía hermanos. Imaginé los abrazos, los llantos, los miedos en su despedida, cómo aquellos a quienes dejaban atrás vieron el hambre con el que se los tragó la noche, bailando sobre las olas, en un silencio cargado de miedos y dudas.

Me sorprendió ver cómo de un gran amuleto de cuero que traía enrollado a la cintura, pendían lo que parecían pequeñas piedras blancas y cuadradas. Cuando me acerqué a verlas mejor, mi sorpresa fue mayor aún. Se trataba, lejos que lo que había pensado, de papeles doblados y forrados con cintas adhesiva. Me pareció comprobar que alguno traía algo escrito por dentro y entonces supuse que se trataría de palabras de apoyo y esperanza de sus más queridos. ¿Harán rituales religiosos para que les acompañen los buenos espíritus?.

Sea como fuere, cuando llegamos a la comisaría lo desperté. Sacamos la camilla, los trasladamos a una manta preparada para él en la comisaría y nos fuimos. Las pomadas que le habíamos aplicado harán que hoy, un día después, los dolores hayan remitido considerablemente y la cicatrización se haya acelerado.

Queridos amigos, este fin de semana han sido 131 personas llegadas a nuestras manos, y 4 fallecidos. Les invito a que hagan algo, imaginen una fiesta, un asadero, lo que sea, de 131 personas que conocen, a quienes han abrazado alguna vez, 131 personas que les han besado en las mejillas, quizá. Cada uno de estos 131 inmigrantes supone alguien así para otro alguien en este mundo – lo dicen aquellas palabras guardadas con celo (de ambos tipos) en la intimidad de sus cinturas. Imaginen entoces lo que supuso la muerte de los 4 desafortunados.

Del cayuco anterior se dijo en la prensa que, de los tres fallecidos, dos eran hermanos. No se dijo, sin embargo, que aún tenían otro hermano que llegó vivo. Aún resuenan en mi mente sus llantos desesperados mientras los abraza en una fría, nocturna, fugaz despedida.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

Soy un hereje. Me lo ha dicho Leopoldo Lugones.

 

Queridos amigos,

dentro de la crítica que les ofrezco sobre los libros que Borges recomienda en su Biblioteca Personal, estoy leyendo actualmente «El Imperio Jesuítico» de Leopoldo Lugones. No es este el momento de hablarles del libro, pero sí quiero compartir con ustedes una reflexión. De esta obra maestra les extraigo un párrafo bastante interesante, a mi entender. Dice Lugones:

El espíritu de la Edad Media volvió a dominar imperioso. Durante ella, y bajo la influencia exclusiva de la Iglesia, había reinado la inmovilidad. A condición de no cambiar nada, se podía discutir todo, siendo un error creer que no existía libertad de discusión. Era, sin embargo, una libertad puramente dialéctica, puesto que demandaba, ante todo, la conformidad con lo establecido. De aquí que hereje, quiera decir estrictamente «disconforme». Tener opinión propia era el verdadero delito.

Les hago esta reseña porque me parece de una calidad estilísitca y de fondo brillante. Al fin y al cabo, resume el eterno conflicto entre el progreso y el conservadurismo eclesiástico y social. Bajo esta santa imposición, que suponía una limpieza de inteligencias contrarias a lo establecido, se justificaban todos los asesinatos que la Iglesia llevó a cabo. ¿Por qué será que siempre que hablamos de la Derecha lo hacemos invocando libertades que nos coarta? ¿Por qué le molesta tanto a esa Derecha la libertad del hombre? ¿Por qué algunos dirigentes de Izquierda llegan a hacer lo mismo? ¿Por qué soy zurdo?

Nos han avisado hace un rato que a las 9.00 de la mañana, aproximadamente llega otro cayuco con 45 inmigrantes en buen estado a Arguinenguín (Gran Canaria). Ya les contaré que tal ha ido, cuando vuelva.

Un abrazo y mil sonrisas.

Narwhal Tabarca.

Un cayuco con 87 inmigrantes en Gran Canaria, esta noche.

 

Estimados amigos,

acabo de llegar del puerto de Arguineguín. En esta ocasión recibí el mensaje del CCA a la 1:34 de la madrugada. La información era bien escasa y exigía premura: «llegada en pocos minutos de un cayuco a muelle de Arguineguin. Personal disponible dirijanse directamente al muelle urgentemente«. Me puse el uniforme y salí corriendo para allá.

Cuando llegué, el muelle estaba completamente invadido por la calma de la noche. Solo una patrulla de la Guardia Civil me indicaba que no me había confundido. Al poco tiempo Ramón, un compañero de la Cruz Roja llegó. Esperábamos un cayuco en cuestión de cinco minutos y fue puntual.

Cuando llegó ví con estupor su tamaño y la cantidad de personas que traía. Con ojo de mal cubero informé a la central de que eran 50. Resultaron ser 90, entre ellos una niña preciosa de apenas un año en los brazos salvadores de su madre. Tres encontraron antes el final de su vida que el final del trayecto a la esperanza. No puedo ni quiero entrar en detalles a este respecto.

Pronto llegaron los vehículos de la Cruz Roja. La coordinación fue impresionante y la entrega de todos los compañeros maravillosa. En cuestion de minutos ya el dispositivo estaba prácticamente montado. El hospitalito preparado, la carpa donde se cambian también. En cuestión de minutos todos tenían un te caliente en las manos. En cuestión de minutos empezaron a sentir que su fatídico viaje había terminado.

La Guardia Civil ha vuelto a darle sentido a la nobleza del cuerpo. Hemos trabajado hombro con hombro, en ese momento poco importaban los uniformes. Eramos hombres y mujeres ayudando a otros hombres y mujeres. Eramos una parte de la humanidad ayudando a otra parte de la humanidad. Aquí la política no tiene ningún asiento reservado.  

Queridos amigos, en esta ocasión las manos me pesan y los acontecimientos me nublan la mente. No puedo expresarles todo cuanto he visto y sentido esta noche. Pero si de algo vale para que se hagan una idea, desde que monté en la moto hasta que llegué a casa, y luego un rato más, he estado purgando con lágrimas tantas sensaciones.

Una niña de un año con el dedo en la boca desde los brazos de un policía nacional, me míró a los ojos atenta mientras le lanzaba un beso. Un guineano de mi misma edad se ha reído conmigo cuando supimos la coincidencia. Otro entrado en edad me dió las gracias sinceras mientras me agarraba la mano. Otros, ni siquiera pudieron reconocer quien les tapaba con las mantas.

Desde que entré en la Cruz Roja hace ya 12 años, me enseñaron que nuestra labor era aliviar el dolor de quienes estaban en una situación de indefensión. Y eso es, precisamente lo que hemos intentado hacer esta noche.

Amigos míos, está bien que les hable de libros, que les cuente la historia de los escritores, pero ya lo dijo Thoreau: «en vano nos sentamos a escribir si no nos hemos levantado para vivir«. La vida está ahí fuera, justo donde acaba nuestra propia piel.

Reciban mi abrazo.

Narwhal Tabarca.