BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE. Herman Melville.
Publicado el 27 abril, 2007 2 comentarios
«Hay escritores cuya obra no se parece a lo que sabemos de su destino; tal no es el caso de Herman Melville, que padeció rigores y soledades que serían la arcilla de los símbolos de sus alegorías. Nació en New York en 1819. Vástago de una gran familia venida a menos, de severa tradición calvinista, perdió a su padre a los trece años. A los diecinueve emprendió la primera de sus largas navegaciones; fue como marinero a Liverpool. En 1841 se alistó´en una ballenera que zarpó de Nantucket. El capitán era muy duro con su gente; Melville desertó en una de las islas del Pacífico. Los isleños, que rean caníbales, lo acogieron. Cien días y cien noches pasaron y lo rescató una nave australiana. A bordo de esa nave, Melville capitaneó un motín. Hacia 1845 volvería a New York. (…)
Bartleby, que data de 1856, prefigura a Franz Kafka. Su desconcertante protagonista es un hombre oscuro que se niega tenazmente a la acción. El autor no lo explica, pero nuestra imaginación lo acepta inmediatamente y no sin mucha lástima. En realidad son dos los protagonistas: el obstinado Bartleby y el narrador que se resigna a su obstinación y acaba por encariñarse con él.»
J. L. Borges. «Biblioteca Personal»
Queridos amigos,
aún estoy en el aire después de terminar esta novela corta de Herman Melville. Me parece raro que su autor sea el mismo que escribió Benito Cereno, o Moby Dick. Realmente no se que esperaba del lector, pero si era dejarlo en el aire haciéndose mil preguntas, lo ha conseguido desde luego. Este Bartleby está caracterizado por su terquedad casi cómica. Un señor salido de la nada que se niega a todo cuanto se le pide con tan solo una frase: preferiría no hacerlo. Esto, llevado la sus últimas consecuencias hace que todo se desenlace de una forma inesperada y, por supuesto, bastante atrevida. Algo en mi mente quiere encontrar ahora una cierta similitud con la novela El extranjero de Albert Camús, solo que en la de Melville el protagonista es completamente hermético sin motivo aparente. Es, precisamente, este extremo el que me ha dejado bastante extenuado. Su conducta no se explica, salvo al final que se quiere dar un ligero apunte y que, como es obvio, no les puedo contar. Sin embargo, este ligero apunte se presenta como una incitación a la sospecha o a la actividad de la propia imaginación en busca de unas causas que no se aprehenden del todo.
Le doy la razón a Borges. Es una novela que recomendaría, aunque aún no se bien por qué. Esto solo me ha pasado hasta la fecha con la de Albert Camús. Si la leen, espero que sepan entenderme. Si la entienden, espero que sepan explicármela.
Reciban mi abrazo, mi sonrisa y las dudas que ahora albergo.
Narwhal Tabarca.
Carta de una madre a un hijo. (Humor) mail anónimo.
Publicado el 27 abril, 2007 2 comentarios
(gracias Raquel, me he reído como un enano)
Querido hijo: Te escribo estas líneas para que sepas que estoy viva. Te escribo lentamente porque se que no sabes leer deprisa. Tu padre consiguió un trabajo muy bueno; tiene 500 personas bajo su poder. Cuida el cementerio del pueblo. No vas a reconocer la casa cuando vengas, porque nos mudamos. Nueva casa tiene una lavadora que no funciona bien: la semana pasada puse cuatro camisas, tire la cadena y todavía no las he vuelto a ver. A tu tía Rosa le pasa al revés que a mí; ella cuando toma café no puede dormir, en cambio yo, cuando duermo no puedo tomar café. Finalmente enterramos a tu abuelo. Encontramos el cadáver ahora con todo esto de la mudanza. Estaba en el armario, desde ese día que gano jugando al escondite. Lamento decirte hijo, que la semana pasada tu padrino se ahogó en la destilería en un tanque de brandy. Varios hombres trataron de salvarlo pero lucho valientemente contra ellos. Tardaron tres días en apagar el fuego cuando lo cremamos. Hoy, tu hermana Julia tuvo un hijo, pero como todavía no sé si es nena o nene, no se si llamarte tía o tío. Quien hace mucho que no aparece es tu tío Jorge, que murió totalmente el año pasado. Y tu primo Jacinto, que siempre se creyó más rápido que el toro, comprobó que no lo era. Estoy preocupada con el perro Boby, que insiste en perseguir los coches aparcados y se me está aburriendo. Ah! Finalmente los embotelladores de refresco tuvieron la gran idea de poner un letrero en las tapitas que dice: «abra por aquí». ¿Que te parece? Tu hermano José cerró el coche con el seguro y dejó las llaves adentro. Tuvo que volver a casa para buscar el duplicado y poder así sacarnos a todos de adentro del coche. La semana pasada llovió toda la semana; los primeros tres días llovió y los últimos cuatro también. Todos te extrañamos mucho, pero mucho más desde que te fuiste. Tienes que escribirnos contándonos cómo te va con tu nueva novia extranjera; no sabes cómo nos pusimos de contentos cuando nos enteramos que estabas en cama con Artritis. Esta carta te la mando por Manolo, que va mañana por ahí. A propósito, ¿puedes buscarlo al aeropuerto? Bueno mi hijo, no escribo el remitente por que no sé la dirección nueva. La última familia que vivió en esta casa se llevó los números para no tener que cambiar la dirección. Si te encuentras con doña Marta salúdala de mi parte, si no la encuentras, no le digas nada.
Tu madre que te ama: Yo
PD: Te iba a mandar cien mil pesetas, pero ya cerré el sobre.
Espero que se hayan reído tanto como yo.
Mi abrazo, mi sonrisa.
Narwhal Tabarca.
CON LA SOGA AL CUELLO. Joseph Conrad.
Publicado el 27 abril, 2007 3 comentarios
«Obra del divino poder, de la suma sabiduría y, curiosamente, del primer amor, el infierno de Dante, el más famoso de la literatura, es un establecimiento penal en forma de pirámide inversa, poblado por fantasmas de Italia y por inolvidables endecasílabos. Harto más terrible es el de Heart of Darkness, el río de África que remonta el capitán Marlow, entre orillas de ruinas y de selvas y que bien puede ser una proyección del abominable Kurtz, que es la meta. En 1889, Teodor Josef Konrad Korzeniowski remontó el Congo hasta Stanley Falls; en 1902, Joseph Conrad, hoy célebre, publicó en Londres Heart of Darkness, acaso el más intenso de los relatos que la imaginación humana ha labrado. (…) The End of the Tether (Con la soga al cuello) , no es menos trágico. La clave de la historia es un hecho que no revelaremos y que el lector descubrirá gradualmente. En las primeras páginas ya hay indicios.
H.L. Mencken, que ciertamente no prodiga los ditirambos, afirma que Con la soga al cuello es una de las más espléndidas narraciones, extensa o breve, nueva o antigua, de las letras inglesas. Compara los dos textos de este libro con las composiciones musicales de Sebastián Bach.
Según el testimonio de H.G. Wells, el inglés oral de Conrad era muy torpe. El escrito, que es el que importa, es admirable y fluye con delicada maestría.
Hijo de un revolucionario polaco, Conrad nació en Ucrania, en el destierro, en 1857. Murió en el condado de Kent en 1924.»
J. L. Borges «Biblioteca Personal»
Estimados amigos,
Esta novela tiene algo especial. No deja de ser otra novela de navíos, al más puro estilo Melville, y, sin embargo, no es solo eso. Es conocido que Joseph Conrad fue marino y, como dice la contraportada de la edición de Espasa que he leído: «La pasión que sentía por el mar le llevó a ser primero marino y después escritor. Para Conrad el mar era un instrumento de visión, al igual que la literatura, de ahí que de sus viajes sacara el material que posteriormente reflejaría en sus novelas». Si tenemos en cuenta que Conrad nació en el año 1857 y su primera novela «El corazón en las tinieblas» la publicó en el 1902 nos daremos cuenta de que empezó con el oficio literario a la entrada edad de 45 años. Edad en que decidió apartarse de la navegación de forma activa y dedicarse a la ficción en torno a ella. En esta línea, «Con la Soga al Cuello», narra la etapa última de la historia de un capitan de la marina mercante, el Capitán Whalley, que, viejo y arruinado, recibe una misiva de su hija desde el extranjero pidiéndole algo de dinero para sobrevivir. Este hombre, un caballero recto, sabio y digno, hará cualquier cosa para poder responder a la llamada de auxilio de su hija. A lo largo de su lucha contra corriente irá lidiando con los mezquinos intereses de unos y otros que, contínuamente se impondrán en su camino.
Poco puedo y quiero referirles sobre el argumento, el factor sorpresa en esta novela es crucial y es mejor encontrarse los acontecimientos de bruces. Sea como fuere, Borges, de Joseph Conrad recomienda dos novelas, esta y la de «El Corazón de las tinieblas». Les digo que ya tengo ganas de empezarla, Joseph Conrad tiene ese estilo cargado de paciencia, elegancia, admiración incluso, hacia los propios personajes. Es una delicia navegar sobre las palabras que escribe.
Reciban mi abrazo y mi sonrisa.
Narwhal Tabarca.
EL MANDARÍN. Jose María Eça de Queiroz.
Publicado el 26 abril, 2007 Deja un comentario
«A fines del siglo XIX, Groussac pudo escribir con veracidad que ser famoso en Sudamérica no era dejar de ser un desconocido. Ese dictamen, por aquellos años, era aplicable a Portugal. Famoso en su pequeña e ilustre patria, Jose María Eça de Queiros (1845-1900) murió casi ignorado por las otras tierras de Europa. La tardía crítica internacional lo consagra ahora como uno de los primeros prosistas y novelistas de su época.
Eça de Queiroz fue esa cosa un tanto melancólica: un aristócrata pobre. Estudió Derecho en la Universidad de Coimbra y, una vez terminada su carrera, desempeñó un cargo mediocre en una mediocre provincia. En 1869 acompañó a su amigo, el conde de Rezende, a la inauguración del canal de Suez. Pasó de Egipto a Palestina, y la evocación de esas andanzas perdura en páginas que muchas generaciones leen y releen. Tres años después ingresó en la carrera consular. Vivió en La Habana, en Newcastle, en Bristol, en la China y en París. El amor a la literatura francesa nunca lo dejaría. Profesó la estética del parnaso y, en sus muy diversas novelas, la de Flaubert. En «El primo Basilio» (1878) se ha advertido la sombra tutelar de Madame Bovary, pero Émile Zola juzgó que superior a su indiscutible arquetipo y agregó a su dictamen estas palabras: «Les habla un discípulo de Flaubert».
Cada oración que Eça de Queiroz publicó había sido limada y templada, cada escena de la vasta obra múltiple ha sido imaginada con probidad. El autor se define como realista, pero ese realismo no excluye lo quimérico, lo sardónico, lo amargo y lo piadoso. Como su Portugal, que amaba con cariño y con ironía, Eça de Queiroz descubrió y reveló el Oriente. La historia de «O Mandarim» (1880) es fantástica. Uno de los personajes es un demonio; otro, desde una sórdida pensión de Lisboa, mata mágicamente a un mandarín que tiende su barrilete en una terraza que está en el centro del impero amarillo. La mente del lector hospeda con alegría esa imposible fábula.
En el año final del siglo XIX murieron en París dos hombres de genio, Eça de Queiroz y Oscar Wilde. Que yo sepa, nunca se conocieron, pero se hubieran entendido admirablemente.»
J. L. Borges «Biblioteca Personal»
Estimados amigos,
efectivamente la novela de Eça de Queiroz es de aquellas obras que saben a poco. Mientras la leía me asaltaba una sutil paranoia que se identificaba con el miedo y la intriga que sentía su protagonista. Un hombre gris, ceniciento diría, sin mayores proyecciones en la vida que su bolsillo desierto, descansa en un motel tugurioso. De alguna forma fantástica, un demonio (nunca de habla de que fuera un demonio en la novela, pero no quiero contradecir a Borges ahora mismo) le propone vivir la vida de un Mandarín que está en ese mismo momento en China, sacando su barrilete, de forma placentera. Este señor gris e incrédulo acepta el ofrecimiento aún cuando ya había sido advertido de que tal aceptación supondría la muerte inminente del susodicho Mandarín. En China, el Mandarín cae redondo.
En una suerte de efecto mariposa, Eça de Queiroz describe entonces los sobresaltos de la conciencia humana cuando se percata del alcance de sus desiciones. El remordimiento y el desencuentro con la tranquilidad espiritual harán, entonces, que este nuevo rico, cargado de dinero hasta los topes, y depués de gozar la riqueza hasta su grado sumo – la infelicidad y el vacío existencial – decida ir en busca de los enlutados miembros de la familia del Mandarín mágicamente asesinado.
Y así transcurre gran parte de la novela, narrando este viaje al fondo del imperio Chino y del conocimiento propio del lector.
Mi conclusión al respecto es bien clara, quizá, el escritor portugués quisiera hacer una obra que demostrara que el desconocimiento del alcance de nuestros actos, puede llevarnos a cometer atrocidades que jamás tendremos el horror de conocer. Irremediablemente, somos la causa de muchos efectos indeseados, y no somos conscientes de ello, o no queremos serlo. Entronco, entonces, todo esto con mi casi obsesión por llegar a Shangai en moto, el único motivo es el de ir conociendo la realidad de aquellos paises que no salen en los modernos GPSs pero que quizá sean, incluso, quienes explotados, los construyen. Sé que es un reduccionismo extremo de las concecuencias últimas pretendidas en este líbro, pero pretendo solo acercarme a lo específico de las enseñanzas que me aporta.
Estimados amigos, Borges nos recomienda esta novela, yo lo patrocino.
Reciban mi abrazo y mi sonrisa.
Narwhal Tabarca.
CONFIESO QUE HE VIVIDO. Pablo Neruda.
Publicado el 25 abril, 2007 3 comentarios
Estimados compañeros,
anoche acabé la autobiografía del premio Nobel de Literatura, el chileno Nertalí Ricardo Reyes Basoalto (Pablo Neruda).
Después de leerla, me quedo con una impresión bastante confusa de su persona y su vida. Me da la sensación de que este hombre tuvo mucha suerte, buena y mala (como diría Oscar Aguado). Efectivamente, con 19 años publica su primer libro. Luego, con 23, y de la manera más sencilla del mundo, es nombrado Cónsul ad honorem en Ragoon, una zona de Birmania que ni él mismo sabía donde estaba cuando aceptó. Es cierto que antes de su nombramiento había sido un gestor activo de la poesía en su tierra natal, publicando libros, poemas sueltos e, incluso, siendo Presidente del Ateneo de Temuco, entre otras muchas cosas. Pero lo que no deja de ser verdad es que con 23 años ya era Cónsul. Me gusta recalcar esto. Ya que su nombramiento le otorgó las grandes puertas al mundo y la facilidad de dedicarse casi exclusivamente a la poesía y la lucha comunista.
No tengo intención de hacer aquí una paráfrasis de lo que fue su vida. Todo lo contrario. Cuando terminé el libro, intuitivamente me quedé observando una fotografía de un Neruda con sombrero, en blanco y negro, que decora la portada de sus obras completas de la editorial RBA, e inconscientemente le pregunté a los ojos: «tú quien eres?». Pronto me dí cuenta de la carcajada facil que podría haber soltado quien me viera (por suerte estaba solo), pero aquella pregunta me hizo reflexionar acerca del libro. Y es que, Confieso que he vivido no es otra cosa que un mero anecdotario cargado de historia. Sin embargo, Neruda no habla de sí mismo, de lo que siente o piensa más que en contadas ocasiones y de forma muy velada y, por supuesto, muy diplomática. No me cabe duda de que esto último le viene por la profesión. Sin embargo, tampoco es menos cierto que deja entrever a los ojos de un avezado lector, bastante de todo cuanto conformó su esfera sentimental.
Es curioso, y para corroborar mis opiniones cito algunos ejemplos. Cuando va a recojer el premio Nobel en ningún momento hace alusión a lo que sintió, lo que para él suponía todo aquello, las emociones o los sentimientos, nada. Simplemente se limita a retratar la ocasión como si de una fría película se tratara. Lo mismo sucede cuando habla de las mujeres que pasaron por su vida, o la mangosta que se le perdió en la India, por citar algunos ejemplos.
Cuando sí parece que se deja llevar por sí mismo es, curiosamente, cuando narra los problemas que le pusieron a última hora en aquel momento en que iba a embarcar a los republicanos exiliados de España hacia Chile. Pero, al hacerlo, siempre es recordando la furia que aquello le provocó.
Nada de esto que digo debería ser contraproducente. Me refiero a la impresión de su forma de contar la vida que ha tenido. Como dije antes, Pablo Neruda fue un señor que tuvo mucha suerte, mala y buena. Mala, porque, de una u otra manera siempre estaba en el lugar del problema, en el salón donde se debatiría cada hito importante de la historia más reciente. Estuvo en España durante la guerra civil (abandonó Madrid en el 37), vió incluso como bombardeaban el Palacio de Linares y como los republicanos sacaban por la ventana el gran oso blanco disecado del Duque de Alba, estuvo relacionado con los japoneses que abandonaban América justo antes de los acontecimientos de Pearl Harbour, vivió en París cuando estaba siendo ocupada por el ejercito fascista, conoció a Stalin, a Castro, al Che, a Videla, fue íntimo amigo de Salvador Allende, no soportaba a Cesar Vallejo, admiraba a Vicente Huidobro. Intimó con Lorca, con Alberti, con Miguel Hernandez (con el que vivió en Madrid una temporada). Es decir, tuvo la mala suerte de estar en el momento de los conflictos cuando éstos se fraguaban, se exilió de Chile apenas dos años después de ser proclamado senador y luego desaforado, y, sin embargo, siempre tuvo una posición privilegiada en todos ellos. Era una suerte de protegido divino. Si fue en carcelado, al día siguiente le pidieron disculpas, si estuvo en medio de la guerra civil, tuvo la facilidad de salir de España cuando quiso, para volver a entrar aún durante la guerra. Si estuvo con los exiliados republicanos, era el ángel salvador que los sacó de Francia rumbo a Chile, si estuvo perseguido en Chile, encontró rápidamente una vía de escape sin más aspavientos. y, además, si tuvo la oportunidad de dedicarse casi exclusivamente a las letras, le dieron el premio nobel.
Nada le resta mérito. A donde quiero llegar es a que Pablo Neruda fue un señor que llevó a cabo el lema de mi vida: «Vivimos la vida que queremos vivir». Él lo hizo, y con esta obra lo confiesa.
Por supuesto es un libro que recomiendo. No por su literatura, sino como documento histórico importante sobre lo que fue la vida de un poeta contada a cálamo currente.
Reciban mi abrazo y mi sonrisa siempre,
Narwhal Tabarca.


