Sigo vivo.
Publicado el 30 agosto, 2008 Deja un comentario
Queridos compañeros,
Otra vez vuelvo a decir aquello de «hace tiempo que no escribo», sin embargo, en este caso ha sido el trabajo que me ha tenido bastante absorbido estos días. Bueno, al caso, estoy bien. De hecho quizá bien sea un eufemismo para querer decir que me siento feliz. Es cierto, el trabajo me desborda a veces, pero ¿no es cierto que las horas que estoy pasando, despertándome a las 6 de la mañana, acostándome a las 2 muchas veces y cansado hasta la saciedad de reuniones, paciencia, negociaciones, paciencia, revisiones de facturas, y otra vez paciencia y dolores de espalda -la silla es tan dura como el mármol y parece haber sido diseñada por un buen ideólogo de la Inquisición- no es cierto, digo, que todas las horas que paso así, ocupado, se revierten minuto a minuto en el bienestar y la lucha por el alivio de los más vulnerables? Efectivamente, amigos míos, quizá lo que esté haciendo aquí, en el día a día, no dista mucho de lo que tenía que hacer cuando me dedicaba a la empresa. Pero es el motivo de la lucha lo que cambia, el por qué se hacen estas cosas. En efecto, antes trabajaba para apoyar la supervivencia y buena vida de algunas empresas privadas, sin embargo, ahora todo es distinto. Y esto lo siento cuando visito los proyectos, lo veo en la sonrisa de los niños cuando ven cómo crecen las semillas que han plantado, y se sienten útiles, y parte de este mundo, que quizá no los odie tanto. Por este motivo, espero poder seguir luchando de esta forma, y de este lado de la frontera, aportando de a poco lo que me supone mucho: mi tiempo, mi esfuerzo, mi vida.
Esto es lo que hace reconfortante el sufrimiento, a veces intolerable como la necesidad de tabaco en una isla desierta, que me provoca la distancia. Menos mal que aquella etapa de dudas y desesperaciones pasó, así sin más, sin penas ni glorias. Un día, como otro cualquiera, me desperté por la mañana, de un salto me metí en la ducha y ya todo había cambiado. La actividad me llena por dentro, la entrega me mantiene vivo, la ilusión me deleita y refuerza mis ideales. Estoy orgulloso, queridos amigos, hasta el punto de que quizá me esté convirtiendo en un paria, o tal vez me esté dando cuenta de que es el mundo mi única nación. Seguiré luchando por que esto no acabe, seguiré luchando porque todo acabe pronto. Porque no querré dejar esta vida de entrega al desvalido, porque desearé que no existan desvalidos.
Queridos amigos, gracias por seguir ahí. Estoy deseando tomarme una caña con todos ustedes, algún día, pronto. De momento, seguirá el despertador sonando a las 6 de la mañana.
Un fuerte abrazo, una amplia sonrisa.
Narwhal Tabarca.
Hola nenita
Publicado el 2 julio, 2008 Deja un comentario
Hola nenita,
me ha sorprendido bastante tu mensaje. Sí, estoy bien. La verdad es que en ocasiones considero que este pais es para poetas. Desde la seis de la tarde es de noche, y, como sabes, soy noctámbulo; quizá no tanto como un murciélago, pero por supuesto nunca menos que un buho. Y puedo gozar de la magia de la noche durante el día. Esto me da buenos momentos de lectura, de escritura, incluso de dibujo. Me he comprado un juego de lápices y estoy dibujando bastante. Algún día de estos, cuando se me ocurra la manera de hacerlo de tal forma que se vea bien, colgaré algunos de los dibujos que he estado haciendo.
Sin embargo, la noche, con su doble cara de espada, y su doble filo de hacha, también me trae viejos y largos recuerdos. Me acuerdo de algunas palabras que digitalizaron tus dedos en las teclas de un movil, y siento lástima por tí. Quizá sea la necesidad lo te haga ver que no merecemos nada de cuanto nos rodea. ¿sabes quién fue Shidartta? no te preocupes, ya te lo digo yo, Shiddarta era un niño de papá, que no pasó hambre, ni frío, ni sed jamás, pero sí miseria. Como bien sabes, la miseria no consta de no tener, sino de querer lo que no se tiene, y Shiddarta no tenía nada de cuanto quería: libertad, autodeterminación, camino, pies, paisajes. Efectivamente, Shiddarta no se tenía a sí mismo. Por eso un día se cansó de tanta monería, colgó sus trajes caros, sus lujos, todo aquello por lo que algunos le admiraban, y decidió andar, casi desnudo, camino al bosque. Pasó mucho tiempo, nenita, hasta que Shiddarta aprendió que el orgullo no lleva a ninguna parte, y también que el silencio es a veces más doloroso que las palabras. Por eso lo he guardado con celo, porque los actos que llevamos a cabo tienen que tener consecuencias. Si no fuera así, nada tendria valor, ni, por supuesto, sentido. Shiddarta siguió andando durante largo tiempo, te decía, y se sentaba horas y horas a orillas del río, porque sabía que el río le quería contar todo aquello que nadie le dijo nunca. Un día escuchó su voz de agua. Entonces Shiddarta murió sobre el fango, y nació de su cuerpo Buda. Así es, andar el propio camino siendo siempre un discípulo humilde y sencillo, pobre pero ya jamás miserable, para acabar siendo un día un maestro, y que te sorprena que así te llamen, porque no te consideras nada más que un hombre.
Espero que todo te esté yendo bien. También me he acordado mucho de tí. Te quiero hermana.
Recibe mi beso, mi abrazo y mi sonrisa,
Narwhal Tabarca
Vuelve a ser viernes.
Publicado el 27 junio, 2008 3 comentarios
Queridos amigos, hoy hace exáctamente 65 días que estoy en Paraguay. 65 días que han estado cargados de experiencias, novedades, agobios, alegrías, vuelos, aterrizajes forzosos, dolores de hombro y de hombre, añoranzas, inseguridad, aprendizaje, miedo. 65 días desde que salí de Madrid (79 desde que salí de canarias). Vine por 365 días a este pais, me quedan 300, y, sin embargo, sigo pensando que no es posible resumir la vida a tanto número. Llevo aquí el 17% del tiempo para el que me mandaron. Hay quienes dicen que ese es, aproximadamente el porcentaje de tiempo que se necesita para agarrar las riendas de tus proyectos en el extranjero. Yo no sé si será así. Sin embargo si noto que estos dos meses me han servido para mucho más de lo que vine a buscar. Lo pienso ahora, y me parece poco. 65 días en los que se condensa tantas cosas que he visto, y que sería incapaz de referir, y ustedes de soportar mi narración. Es así, creo, algo va quedando siempre dentro de uno, y es precisamente eso, lo que va quedando, lo que luego es la vida, acaso un atajo de recuerdos. Pienso, entonces, si el pasado es solo, y nada más que eso, y el futuro son planes y proyectos en el aire de los cuales convertimos en pequeñas ruinas en un campo inmenso (como si hubiese pasado Atila con sus trajes de piel de rata y su hedor inaguantable), entonces, queridos míos, me quedo con el presente. El ahora. Este momento en el que escribo, este cigarro que me fumo, esta ciudad que hoy es pasto del llanto de las nubes. No miro hacia atrás, no miro hacia adelante.
Cuando aprendí a montar en bicicleta, mi padre siempre me decía que no mirara a la rueda, porque me iba al suelo de narices. Tenía razón. Sin embargo, en la vida uno se cae de bruces si mira, justamente atrás o adelante. Es una opinión, discutible si quieren.
Dentro de poco les quiero poner un video gracioso que grabé el otro día, y también algunas fotos de niños paraguayos. Ya saben que el retrato de niños de distintas etnias es mi debilidad.
De momento no les puedo ofrecer más que este cúmulo de pensamiento casi inconexos.
Reciban mi abrazo y mi sonrisa.
Narwhal Tabarca.


