Sigo vivo.


Queridos compañeros,

Otra vez vuelvo a decir aquello de “hace tiempo que no escribo”, sin embargo, en este caso ha sido el trabajo que me ha tenido bastante absorbido estos días. Bueno, al caso, estoy bien. De hecho quizá bien sea un eufemismo para querer decir que me siento feliz. Es cierto, el trabajo me desborda a veces, pero ¿no es cierto que las horas que estoy pasando, despertándome a las 6 de la mañana, acostándome a las 2 muchas veces y cansado hasta la saciedad de reuniones, paciencia, negociaciones, paciencia, revisiones de facturas, y otra vez paciencia y dolores de espalda -la silla es tan dura como el mármol y parece haber sido diseñada por un buen ideólogo de la Inquisición- no es cierto, digo, que todas las horas que paso así, ocupado, se revierten minuto a minuto en el bienestar y la lucha por el alivio de los más vulnerables? Efectivamente, amigos míos, quizá lo que esté haciendo aquí, en el día a día, no dista mucho de lo que tenía que hacer cuando me dedicaba a la empresa. Pero es el motivo de la lucha lo que cambia, el por qué se hacen estas cosas. En efecto, antes trabajaba para apoyar la supervivencia y buena vida de algunas empresas privadas, sin embargo, ahora todo es distinto. Y esto lo siento cuando visito los proyectos, lo veo en la sonrisa de los niños cuando ven cómo crecen las semillas que han plantado, y se sienten útiles, y parte de este mundo, que quizá no los odie tanto. Por este motivo, espero poder seguir luchando de esta forma, y de este lado de la frontera, aportando de a poco lo que me supone mucho: mi tiempo, mi esfuerzo, mi vida.

Esto es lo que hace reconfortante el sufrimiento, a veces intolerable como la necesidad de tabaco en una isla desierta, que me provoca la distancia. Menos mal que aquella etapa de dudas y desesperaciones pasó, así sin más, sin penas ni glorias. Un día, como otro cualquiera, me desperté por la mañana, de un salto me metí en la ducha y ya todo había cambiado. La actividad me llena por dentro, la entrega me mantiene vivo, la ilusión me deleita y refuerza mis ideales. Estoy orgulloso, queridos amigos, hasta el punto de que quizá me esté convirtiendo en un paria, o tal vez me esté dando cuenta de que es el mundo mi única nación. Seguiré luchando por que esto no acabe, seguiré luchando porque todo acabe pronto. Porque no querré dejar esta vida de entrega al desvalido, porque desearé que no existan desvalidos.

Queridos amigos, gracias por seguir ahí. Estoy deseando tomarme una caña con todos ustedes, algún día, pronto. De momento, seguirá el despertador sonando a las 6 de la mañana.

 

Un fuerte abrazo, una amplia sonrisa.

 

Narwhal Tabarca.

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