Gomera, la magia de una isla.


Queridos amigos,

Esta semana he estado de viaje. Tenerife, el Hierro y la Gomera fueron mis destinos. Y no quería dejar pasar esta ocasión sin hacerle un comentario a la isla redonda. Desde que desembarqué en la Gomera se apoderó de mí aquel silencio que solo nos roba el alma cuando la entrega al paisaje. Creo estar explicándome. Cuando Lorca vio el río de la Plata en Buenos Aires, cuentan que le embargó este mismo silencio. El paisaje casi selvático de las mejores épocas de las Islas Canarias, aquel que tanto imaginé cuando me sentaba a los pies de la Fortaleza de Ansite en mi querido barranco de Tirajana, el paisaje muerto que agonizaba en los relatos de los historiadores medievales sobre unas islas paradisíacas, plagadas de afluentes, de frondosos bosques de laurisilvas y palmerales, todo aquello que creí pasado se me mostró con un presente irremediable. Abrazada por la niebla, bañada por la pureza de un rocío fresco y agradable, recorrí parte del Garajonay. Había escuchado hablar mucho de este sítio pero nunca imaginé que se podrían seferrir a tamaña belleza. Una inexplicable explosión de olores y colores se me adentró en la piel. Todo cuanto alcanzaba mi vista era verde, marrón, blanquecino por las nubes que humedecían mis manos y mi espalda, y allá donde no alcanzaba la vista parecía más verde aún. La Pacha-Mama reposa en aquellos barrancos, largos y afilados como dedos de un pianista.  La vegetación mostraba un sutil e inmerecido respeto hacia el hombre, las carreteras estaban techadas por los brazos de los árboles que sudaban un goterío de cristales fríos sobre su piel de asfalto y laja.

Dicen que las sirenas encantaban a los hombres con sus cantos hasta volverles locos. Algo de ellas dejó Hércules cuando fue a buscar las manzanas de oro en este indescriptible jardín de las Hespérides. Aún resuenan sus cantos en mi mente, me reclaman que vuelva para mi perdición y la suya. La Gomera, la isla de la belleza salvaje y cariñosa me hizo prometerle mi regreso. Cumpliré mi palabra.

Un abrazo, una sonrisa,

Narwhal Tabarca

Un comentario el “Gomera, la magia de una isla.

  1. cuando abro tu pagina y no has escrito nada nuevo me quedo como una niña cuando los reyes no le han dejado sus ansiados regalos por favor no dejes de escribir aunque sea algo cortito para mi es suficiente me gusta abrir mi regalito aunque sea lo mas chiquito que se pueda regalar tu forma de decir las cosas me llenan el alma de paz santito TE QUIERO

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