Cesar Bakken, mañana miércoles en el Cuba Libro de Tabarca.

 

Efectivamente amigos, César ha vuelto. Y esta vez, cámara en mano, va a por todas. Ha vuelto a Las Palmas porque cuando estuvo nos prometimos un proyecto: un documental sobre los cayucos entre Senegal y Canarias. Mañana empezamos a grabar durante el día. El día 2 nos vamos a Senegal.

Pero, como siempre, nada de esto tendría sentido sino compartiera su arte, y vista la aceptación que tuvieron sus documentales en el Cuba Libro, hemos decidido cumplir los deseos de algunos de los amigos que querían repetir.

Sin embargo, esta vez haremos una proyección temática: Documentales sobre esquizofrénicos, paranoias y otras enfermedades mentales que vemos con ojos erroneos y prejuiciosos.

César Bakken fue ganador del Premio al Mejor Documental de la Comunidad de Madrid. Y lo ganó por uno de los documentales que emitiremos mañana en el Cuba Libro: » La Verdad de César».

Pero además emitiremos: «Como tú», un emotivo documental que nos hará estar más cerca de estos enfermos mentales, que no dejan de ser como nosotros, al fin y al cabo.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

Me inquieta la noche.

 

Queridos amigos,

La calma sospechosa de la noche y su silencio, como de tronco mudo y hueco. La luna inexistente sobre mis manos y la nada. Tranquilidad amarga, cómplice de una vuelta de rosca a la intemperie, y nada más; me inquieta.

Me inquieta su mirada pronfunda, de horizonte lejano. De misterio, la noche, me acorrala ahora que se que esconde algo. Allá, en sus tripas, crujen las maderas y aquí, desde la costa, veo su vaivén hipnótico, su danza extraña sobre los puños de roca. La noche anónima y pasajera me inquieta, lo mismo que el recuerdo de lo que trajo a veces. Su indumentaria de muerte y frío, su indumentaria de fuga, temeridad de tinieblas como lecho de sombras.

Acaso una duda que me aterra. Decidió, hambrienta, engullir a los desertores de la miseria atroz, me pregunto. Y solo puedo responder con ese silencio suyo, que me contagia.

 

Un abrazo, compañeros,

Narwhal Tabarca.

Uno de los poemas que me dejó, mi querido Paco, en el ordenador.

 

Y quiero compartirlo con ustedes:

 

 

Canarias.

A santi santana, paco sevilla.

Lágrimas verticales,

y biombos en a, en b, y en 32 paralelas bailarinas.

Sándwich mixto de meridiano de greenwitch

Y Sardanápalos. Aloha de la sal y la cristalografía.

El gimnástico devenir epiceno. Y las mayúsculas en voz baja.

La sombra amarilla y telúrica de los mosquitos en celo.

La luz herida. Canarias al fondo de la luz del sol. Unicornio mágico.

La llave de paso de los idos por el espacio que espera sembrar segunderos.

Y, de pronto, nunca y aquí, devuelto el aire al aire, y

estar sentado como si todo devolviera un pisco de viento.

Algo le debo a la tierra, a la luna, al amor, justo aquí,

Tierra color gentes, manitúes y guanches por las avenidas,

Justo antes de pronunciar mi nombre al aire y porque sí.

 

Y un pequeño juguete literario:

 

Larará, lararí, larará…

césar, paco y santi pacá y payá.

Etcéteramente.

 

Paco, te quiero y lo sabes… ¡no te vayas a quedar dormido!

Un abrazo compañero,

Un abrazo amigos míos,

Narwhal Tabarca.

Un artículo de Goly Eteesam. Cada vez que lo leo, me seco alguna lágrima.

 

Queridos amigos, aquí les dejo un artículo antiguo de mi querida amiga Goly. Lo posteó en su página jironesdeperiodico.wordpress.com. Ella es iraní y española, y ello nos puede ayudar a ver los problemas más de cerca.

El post:

 

Desde el desierto

Enero 2nd, 2004


El pasado viernes me tembló el alma. Me tembló en un sollozo incontenible de tristeza. Una tristeza que tenía nombre de ciudad y sabor de arena seca de desierto. El viernes la tierra tembló en Bam, un nombre perdido en la inmensa geografía del país del que heredé los ojos, y el sentir, y el calor. Un nombre que estos días se hace desgraciadamente familiar para cientos de orientales a los que, hasta ayer, aún había que prestar un mapa para situarse más allá de Palestina.
El alma me tembló en los labios y el sollozo quedó quieto, temeroso de salir, de hacerse aire y perderse para siempre en el espacio. Desde la pantalla de la televisión me llegaban retazos sueltos de llantos en un idioma amado y conocido más allá de la consciencia. Y las mujeres enlutadas con el chador lamentándose, como sólo las mujeres en Irán saber hacerlo. Con esos gritos de desesperación que salen directamente de las entrañas para estrellarse contra los designios de Alá. Nadie grita como lo hace una madre persa, con su hijo adolescente tendido en sus brazos. Y otros gritos llegan hasta mí, atravesando la nieblas del tiempo, desde el año de mi nacimiento. La revolución. Las madres de los mártires de Jomeini llorando la muerte de sus vástagos, mi abuela, tan joven entonces, gritando, atravesando mis tímpanos con una tono agudo, inaudito, inhumano. Se habían llevado a mi abuelo. “Mehr, pesare man, joskele man, baba raft, baba raft”.
El amargor del desierto, de ese desierto que hiela el corazón en las largas y espesas noches del invierno, se queda hoy, como nunca, impregnado en los labios.
Desde lejos, desde el otro extremo del mundo, extranjera siempre en todas partes, rezando no sé a quién para despertar la compasión de no sé quién. Deja de castigarles, por favor, déjales tranquilos de una vez.

Bara maman e baba bosorgue. Geili duste daram.

Publicado en FARO DE VIGO, el Viernes, 2 de enero de 2004

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Me encanta este artículo, algo tiene que me emociona siempre.

Un abrazo amigos mios,

Narwhal Tabaca.