A los comentaristas de esta página.
Publicado el 26 septiembre, 2007 3 comentarios
Estimados amigos,
Si acaso pudieran sentir por un solo momento este salto que me llega a los ojos desde el mismo corazón, toda vez que abro la página y veo nuevos comentarios. Si pudiera corresponderles, quizá, con este sentimiento tan agradable de compañía, aunque sea anónimo en ocasiones, que me abraza mediante las palabras que me dejan, les aseguro, queridos míos, que entenderían el agradecimiento que me embarga.
Así, y porque sólo hay una palabra que puede hacer frente a tamaña responsabilidad de sentimientos y de sinceridades, la utilizo, cargada de sentido y de cariño. Queridos compañeros, estimados amigos, GRACIAS.
Un servidor, deseando corresponderles un día. Un amigo desde el otro lado del teclado, les abraza, les sonríe y les quiere.
Narwhal Tabarca.
Sobre la Barba de mi querido López
Publicado el 23 septiembre, 2007 4 comentarios
Queridos amigos,
Lo más característico del entrañable Super Lopez (aquel personaje que parodiaba a Superman) no eran ni el traje, ni su capa, ni la nariz mortadélica propia del mejor Ibañez, ni siquiera su torpeza, sino lo que alguien dice que se llama en italiano el «autopista di moco», o en alemán «das bigoten». Super López lucía un mostacho digno de admiración, casi diría entrañable. Otros bigotes ha tenido la historia, como el ridículo del titular del tercer Reich; el también paródico del genio Chaplin, o el absurdo bigote del absurdo Ansar según lo llama el propietario del mundo.
Cuatro pelos en la cara pueden caracterizar muy bien a una persona. El otro día, hablando con Desireé, una amiga de fatigas y momentos en el Bandera, me enteré de que en el lenguage de los signos, las personas son llamadas por lo que de característico tienen en su aspecto. Si usan bigote, ese será su nombre: un dedo puesto bajo la naríz. Esto mereció una reflexión que no viene del todo al caso, pero la insinuo. Hago mías las palabras de Saramago cuando decía que «hay algo dentro de nosotros que no tiene nombre, y eso es lo que somos». Para los sordomudos los nombres no existen, ni los nombres ni los idiomas, quizá sea ese lenguage corporal el medio de comunicación más universal e igualitario, ahí lo dejo.
De bigote en bigote, las nomenglaturas van variando según las formas. Recordemos el famoso bigote del Premio Nobel de la Paz: Henry Dunant, fundador de la Cruz Roja. Un bigote señorial, elegante, sabio quisiera decir si no fuera una estupidez, sabio diría mi querido Gustavo, cargado de experiencia, inspirador de paciencia y confianza. Aquel bigote nacía de los orificios nasales y luego avanzaba hasta encontrarse con las patillas, no sin antes describir una parábola invertida bastante interesante. Y, sin embargo, no era barba su bigote.
Este post lo titulé «sobre la barba de mi querido López». Con independencia de que Super López fuera querido también o no, en este caso hablo de otro López, mi querído López. O por mejor decir, y siendo fiel a mi promesa, no hablo sobre él, sino sobre su barba. Y es que cuando López permite que esta se exhiba en su grandeza, se permite el lujo de hacer una combinación de colores muy agradable. Digamos que la barba de López es una barba monocroma, blanquinegra, de luces y sombras, quizá una barba hecha a carboncillo. Lecho de vello negro, perilla blanca, abundante cantidad; redonda en su forma y uniforme.
Hay ocasiones en que decide mutilarse esta parte de su personalidad, sin reparo ni dolor, y entonces, López pierde toda su presencia. Verlo y no verlo se identifican e, inmediatamente, uno pierde todo interés en hablar de él, sinceramente. No me entiendan mal, no es que López no sea digno de mi admiración por nada en absoluto, es un buen contrabandista de material sanitario, aunque recomiendo que no se fíen mucho de sus linternas de lápiz blancas, pero sí es cierto que lo que más me inspira para hablar de él es el característico arbusto tras el que oculta su rostro.
No lo duden un segundo, la envidia me corroe, si yo tuviera su barba, ¡cuantas cosas contaría!.
Reciban mi abrazo y mi sonrisa,
Narwhal Tabarca
(ejercicio matinal 23/9/07)
Qué entresijos tiene la psicología humana.
Publicado el 22 septiembre, 2007 2 comentarios
Queridos míos,
hace unos días que la vida me está sometiendo a una serie de cambios relevantes, o quizá sea yo quien vaya sometiendo a mi vida a estos cambios. Lo cierto es que los cambios están, sea quien sea el que los motive, sea lo que sea lo que estén motivando. Por momentos tengo deseos de que todo se asiente por un tiempo, que el mantel termine de posarse sobre la mesa después de izarlo al aire como una bandera. Ver sus esquinas olvidadas colgando de la madera o, tal vez, la cubertería reluciente haciéndole sombra a sus bordados.
Me vienen las cosas tan solas que me conmueven. Interpreto una suerte de merecimiento ciego del que no soy digno, y sin embargo, siguen viniendome, solas, silenciosas, confidentes. Hoy duermo, y de repente un sonido sordo me sorprende. No se bien de donde viene, ni siquera se si aún el sueño me abraza en su densidad. Pudiera comprender las señales, si lo fueran: el perfume de mi abuelo en el reducido habitáculo de un coche, el escozor bajo su anillo que protege mi dedo y mi superstición… Me vienen las cosas tan solas que me conmueven, pienso, sintiendo que las cosas se conmueven a veces por esta soledad que me viene con cara de traición, o de futuro. Ahora entiendo la importancia del aire, comprendo a donde puede llegar la incógnita de aquel cuarto cuya puerta aguardaba nuestros pasos, ahora entiendo las carnes porque las vivo en mis propios miedos, dando palos de vidente y rompiendo a temer la ponderancia de su abismo.
Recuerdo las palabras de mi padre: si quieres que un cochino ande para adelante, tírale del rabo para atrás. Es dificil no sonreir, recordando a alguna individua que habla a espuertas, a espaldas, a espátulas, de aquello sobre lo que reclamé silencio a borbotones, con quien solicité que no se hablara de momento. Y entonces la vida me sigue enseñando sus entresijos y sus falsas máscaras de teatro y carnaval. Por el flanco izquierdo avanza una cuadrilla de holgazanes gritando que sea más inteligente que la propia realidad, por el flanco derecho me adelantan, en quinta y a fondo, con la raya contínua, y el lápiz de ojos de punta roma y culata parís, pretende dictarme una lección.
Ay! tremenda cruz!
Reciban mi abrazo y mi sonrisa, ya les contaré como se ríe siendo el último.
Narwhal Tabarca.
No me tengan en cuenta lo de Guardia Civil.
Publicado el 17 septiembre, 2007 3 comentarios
¿no les has sucedido nunca que la mente les funciona más deprisa que la prudencia?. He estado unos días pensando que no puedo perder el tiempo acomodándome en mis nuevas labores. Sí, tengo el trabajo que quería con el respaldo de una institución ganadora de, al menos, 5 premios nóbeles de la paz, y a la que le debo la vida. Cuento con una proyección interesantísima en la línea que deseo seguir en mi vida, aportando lo que tenga de tiempo, de ganas y de ilusión en la lucha del alivio del sufrimiento de los más vulnerables, y, sin embargo, algo en mí me sigue pidiendo más y más.
En un principio pensé que sería conveniente seguir estudiando. Después de largas vicisitudes con el doctorado, y más de una estupidez cometida por un ajeno, he conseguido retomar el segundo curso. Pero esto fue después de haberme planteado entrar mañana mismo a estudiar una nueva carrera que me hacía (y me hace) especial ilusión: enfermería. Alguien dijo una vez que los grandes proyectos deben consistir en pequeños sacrificios. Creo que si sigo en mi obstinación de hacerle frente a la situación de estudiar la carrera por la universidad que tenía planeado (una universidad privada portuguesa con delegación en Las Palmas) cometeré un error que me llevará a una pérdida imperdonable de tiempo y dinero. No puedo asistir a clase diariamente, y, al mismo tiempo, trabajar en la Institución llevando Cooperación Internacional, asistiendo legalmente a inmigrantes, desarrollando la revista local, atendiendo a los cayucos a su llegada a pie de playa y encargándome de las cuestiones de marketing y prensa de la asamblea local. El proyecto, de llevarse a cabo, creo que sería encomiable, pero sus frutos quedarían manidos y poco desarrollados por aquello de quien mucho abarca poco aprieta.
También escuché de alguien el concepto de «la prisa por vivir» que azota a la juventud de este tiempo. Afortunadamente, en el contexto en que lo escuché hacía referencia a un sector de la juventud entre la que no me considero inserto (la juventud mákina de la ruta del bacalao y otros frutos de mar afines), pero sí he sentido cierto vértido de velocidad de vida en mis proyectos. Por esta razón, y porque rectificar es de sabios (que no me considero), he decidido aplazar el comienzo de mis clases hasta el año que viene. De forma y manera que lo pueda hacer en la universidad pública, con las facilidades de horario y de coste que ello supone. Además, así lo podré estudiar con un compañero del trabajo que solo necesita un empujón para entrar en la universidad.
En conclusión, no me veo con el uniforme verde (gracias Nán, tenías toda la razón del mundo), luego, creo que será mejor opción que me dedique por un año a mi trabajo, al doctorado, y a seguir leyendo y respirando. El año que viene empezaría enfermería, lo que supone que media tiempo suficiente para seguir afianzando esta situación personal que hoy disfrutos después de tanto desearla.
Queridos amigos míos, reciban mi abrazo y mi sonrisa. Gracias por seguir ahí a diario.
Narwhal Tabarca.
¿Y si me hiciera Guardia Civil?
Publicado el 9 septiembre, 2007 1 comentario
Queridos compañeros,
ya van dos mañanas en las que me despierto con la idea de hacerme guardia civil. Sé que muchos se quedarán aturdidos con que esta idea surja de mí, les aseguro que yo soy el primero. Sin embargo, esta vida está hecha de impulsos, como latidos de un corazón tremendo y que hace fluctuar la marea de los cambios y motivar las circunstancias que nos mantienen despiertos a pie de lucha. Lo he pensado seriamente, lo he pensado mientras me matriculo en enfermería en Las Palmas, y entonces el caos pulula en la mente, como cordero vivo sobre bandeja de horno.
Si estudio enfermería, estaré dedicando cuatro años de mi vida a ese proyecto: haciendo 120 kilómetros diarios y trabajando por las tardes en la Cruz Roja, llevando las asistencias jurídicas básicamente. Y así me estaría preparando para la Cooperación Internacional.
Si entro en la Guardia Civil, el proceso de formación es sensiblemente más corto, tengo tiempo hasta los 30 años (es decir, dos años y 3 meses) y luego de dos años dentro del cuerpo puedo presentarme a los procesos de promoción interna hasta llegar a la escala de oficiales o suboficiales. Dentro, puedo pedir ingresar en Cooperación Internacional de la Guardia Civil. Y además, puedo estudiar enfermería una vez dentro del cuerpo.
Hoy más que nunca, compañeros, espero la opinión de ustedes. De momento, este cordero seguirá pateándome la sesera con rabia. Por cierto, tengo diez días para decidirme.
Reciban mi abrazo y mi sonrisa,
Narwhal Tabarca.


